El pasado jueves 19 de marzo, el Centro Cultural Borges volvió a confirmar su lugar como punto de encuentro del arte contemporáneo con la inauguración de “Difícil decir adiós”, una muestra colectiva curada por Daniel Fischer que ya ocupa la sala Berni, en el segundo piso del espacio.

Desde temprano, el flujo de público anticipaba una noche especial. Artistas, familiares, amigos y seguidores comenzaron a reunirse en torno a una propuesta que, más allá de su eje conceptual, terminó consolidándose como un espacio de encuentro, intercambio y presencia. Más de un centenar de personas fueron parte de una apertura donde el arte volvió a funcionar como punto de conexión.

La muestra reúne a 50 artistas nacionales e internacionales, varios de ellos con participación en la Bienal de Venecia, lo que da cuenta de la dimensión y el peso específico del proyecto. Pero lejos de cualquier solemnidad distante, la propuesta se sostiene en su capacidad de diálogo: entre obras, entre lenguajes y entre quienes la recorren.

“Difícil decir adiós” no se limita a una única forma de expresión. Pintura, escultura, video instalación y fotografía conviven en un recorrido que invita a detenerse, observar y, sobre todo, interpretar. Cada obra se presenta como una puerta de entrada a una idea tan universal como compleja: la despedida.

«Venía de un hito muy fuerte que era «Cuánto pesa el amor», una muestra en el Centro Cultural Recoleta que fue dedicada a mi niña; pero también marcó un antes y un después en El Recoleta»

Daniel Fischer, curador.
  • Según el propio Fischer, se trata de una de las muestras más importantes de su carrera, no solo por la cantidad y calidad de artistas convocados, sino por la potencia conceptual que atraviesa el conjunto. En cada pieza aparece una forma distinta de abordar el adiós: «desde lo íntimo hasta lo colectivo, desde lo simbólico hasta lo tangible».

La inauguración, en ese sentido, no fue solo el inicio formal de una exposición, sino también una experiencia en sí misma. Hubo conversaciones cruzadas, reencuentros y miradas compartidas frente a obras que, en muchos casos, interpelan desde lo emocional.

«Lo que pasó el día de la apertura, nuevamente fue otro hito: ver el aforo del Centro Cultural Borges totalmente agotado, con gente que se quedó afuera y que ya no podía acceder porque estaba totalmente saturado, es algo que me conmueve. Se recibió a casi más de dos mil personas ése día, en solo dos horas»

Daniel Fischer, curador.

«Hubo una sensibilidad a flor de pie; muchos me dijeron que, aunque ya conocían algunas de éstas piezas, al verlas nuevamente en el montaje bajo éste eje curatorial, sentían que estaban descubriendo las obras por primera vez», confesó Fischer a la redacción de Diario Confluencia, sin esconder la emoción que le causó «el reencuentro», donde aseguró que «hubo muchos abrazos» que son los necesarios.

Para finalizar, dejó en claro la felicidad que le transmitió ésta inauguración porque «este comienzo tiene la misma fuerza que tuvo la muestra anterior –Cuánto pesa el amor– y esto me confirma que el público sigue buscando estos espacios, donde se emplacen los temas que tienen que ver con lo humano. Donde el arte sigue siendo ese espejo, de lo que nos pasa, en donde nos miramos y revemos muchas de las imágenes que construimos en éste mundo».

«Creo que ésta serie de muestras que vengo desarrollando tienen ése propósito de encuentro y también de pensarnos colectivamente. Sobre todo porque esta muestra que está dedicada a mi niño, quiero que en el futuro sea un mapa de huellas, pistas y señales de cómo yo quiero que sea ése mundo para él y que lo comparta con los otros»

Daniel Fischer, curador.

En tiempos donde la inmediatez domina gran parte de la escena cultural, propuestas como esta invitan a recuperar otra velocidad: la del recorrido atento, la de la interpretación personal y la del vínculo con el otro a través del arte.

Difícil decir adiós” ya quedó oficialmente inaugurada y se presenta como una de esas muestras que no solo se recorren, sino que se experimentan. Porque, en definitiva, hay despedidas que no se explican: se sienten.