La última vez que alguien vio a Maitena fue en la puerta de su escuela. Había llegado junto a su hermana, como cada mañana, pero esta vez decidió no entrar. Le dijo que tenía que saludar a una amiga y le pidió que siguiera sola. Ese fue el punto de quiebre de una secuencia que, hasta entonces, parecía rutinaria.
La adolescente, de 14 años, desapareció ese miércoles tras salir de su casa en Merlo y durante 24 horas su entorno sostuvo la expectativa de encontrarla con vida. Sin embargo, el desenlace llegó al día siguiente: fue hallada muerta en un descampado de la localidad de Las Heras. La autopsia determinó que murió por “asfixia mecánica por ahorcadura” y la principal hipótesis que maneja la fiscalía es la de un suicidio.
El dato de ese último momento —la decisión de no entrar al colegio— quedó como una escena aislada, difícil de interpretar a tiempo. Nada en la rutina previa había encendido una alarma evidente, según reconstruyen quienes compartían su día a día. Maitena asistía a la Escuela de Educación Secundaria N°16, donde su ausencia comenzó a notarse recién después de ese ingreso que no ocurrió.
Tras confirmarse su muerte, la comunidad educativa se reunió frente a la institución para despedirla. Hubo una suelta de globos, velas blancas y un aplauso colectivo. En redes sociales circularon mensajes de despedida que se repitieron entre compañeros y allegados. Las expresiones públicas de dolor llegaron después, cuando lo ocurrido ya era irreversible.
Pero en medio de ese acompañamiento, empezaron a aparecer también otras preguntas. Madres de alumnos y personas cercanas a la familia pusieron en palabras una sensación compartida: la dificultad de advertir lo que le pasaba a un adolescente incluso dentro de entornos cotidianos. “Como mamá te toca porque hoy fue Maitena y otro día puede ser tu hija”, expresó una de ellas.
En esa misma línea, desde el entorno escolar señalaron los límites con los que conviven a diario. “Pedimos que los escuchen; nosotros tratamos siempre en el aula de contenerlos, de estar con ellos, pero a veces hay cosas que se nos escapan”, explicaron, en referencia a situaciones que no logran ser detectadas a tiempo y a dinámicas —como las que circulan en redes— que exceden a los adultos.
Las compañeras de trabajo de la madre de Maitena también describieron el impacto de la noticia. Aseguraron que había estado trabajando con normalidad y que nadie esperaba un desenlace de este tipo, al tiempo que la definieron como una madre presente, que “siempre se ocupó y estuvo” junto a su hija.



