InicioCulturaBahiano hizo de Vorterix un viaje por su historia musical

Bahiano hizo de Vorterix un viaje por su historia musical

A sala llena, el músico recorrió durante una hora y media distintas estaciones de una trayectoria que ya forma parte de la identidad del reggae argentino. Clásicos, reggae, un tramo acústico y un cierre con “Home Sweet Home” construyeron una noche de reencuentro con canciones que siguen formando parte de la memoria de varias generaciones.

Hay canciones que no necesitan demasiadas explicaciones. Empiezan a sonar y, casi inmediatamente, aparece una época, un lugar, una persona; una parte de nuestras vidas que parecía estar guardada en algún rincón de la memoria y que, de pronto, vuelve a estar ahí.

Algo de eso ocurrió esta noche en el Teatro Vorterix de Buenos Aires. A sala llena, Bahiano volvió a encontrarse con su público para recorrer durante aproximadamente una hora y media buena parte de una historia musical que ya forma parte de la identidad del reggae argentino.

Distendido, cómodo sobre el escenario y disfrutando del clima que se fue construyendo entre las canciones y la gente, el músico convirtió el concierto en un recorrido por diferentes momentos de su trayectoria. La sensación no fue la de asistir simplemente a un repaso del pasado. Bahiano está viviendo su presente con la misma naturalidad con la que se hace cargo de una historia que ya es parte de varias generaciones.

El comienzo fue directo, sin demasiadas vueltas. “Oyelo”, “Mi resistencia”, “Mucha Experiencia”, “Planes – La Hiena”, “Vamos a huir”, “Tarde gris” (junto a la artista Paloma López Díaz) y “Waiting” abrieron una noche en la que el repertorio funcionó como un mapa de recuerdos compartidos.

La noche siguió y así llegaron “Pupilas lejanas, “Big Yuyo», «Duerme negrito”, “A mi manera yo voy”, “Iron Lion Zion” y “Fuego”.

Y algo quedó claro desde los primeros minutos: muchas de esas canciones ya no pertenecen solamente a Bahiano. También pertenecen a quienes las escucharon durante años.

Son parte de historias personales, de viajes, amistades, noches, lugares y momentos que quedaron asociados a una melodía. Por eso, cuando vuelven a sonar en vivo, no solamente se recupera una canción: también aparece todo aquello que alguna vez estuvo alrededor de ella.

Un viaje con distintas estaciones

El show encontró luego otro ritmo. El tramo acústico permitió bajar la intensidad y acercar las canciones. “Más cerca del cielo”, “El pescador”, “Complicado y aturdido”, “Runaway”, “Sin cadenas”, “Uma” y “Jamaica Reggae” ocuparon ese momento de la noche.

Con menos elementos alrededor, las canciones quedaron expuestas en una dimensión más íntima. Y el público acompañó ese cambio de clima, como si el viaje también necesitara detenerse un momento antes de continuar.

Después volvieron el pulso y la energía.

“Parate y mira» y «Me late” comenzaron a preparar el tramo final de una noche que, a esa altura, ya había dejado de ser solamente un concierto. Porque si el repertorio recorría diferentes momentos de la carrera del músico, también se visualizó cómo cada persona frente al escenario recorría su propia historia.

No necesariamente una edad determinada ni una época precisa. Más bien esas canciones que quedaron asociadas a determinados años y que sobreviven al paso del tiempo porque consiguieron ocupar un lugar dentro de la vida cotidiana de quienes las escucharon.

Volver a encontrarse

Bahiano es uno de los nombres centrales de la historia del reggae argentino y también uno de esos artistas capaces de llevar consigo una memoria musical que excede ampliamente a sus discos. Por eso esta noche en Vórterix tuvo algo particular.

No fue solamente el repaso de un repertorio conocido. Fue la posibilidad de volver a escuchar esas canciones en vivo, compartirlas con otros y comprobar que el tiempo puede pasar sin borrar aquello que alguna vez nos acompañó y nos dejó una huella.

El músico se mostró cercano, disfrutando del intercambio y del escenario, acompañado por una banda consolidada que estuvo a la altura de un repertorio que exige oficio, energía y conocimiento profundo de cada canción. No hubo necesidad de construir una ceremonia alrededor del pasado. Las canciones hicieron ese trabajo por sí mismas.

Home Sweet Home

El cierre llegó con “Home Sweet Home”, previo a un setlist que tuvo «de todo», un mix de canciones híper hiteras que no podían faltar, como uno de los primeros hits: «El ritual de la banana».

Y así, después de una hora y media de viaje, «Home…» funcionó casi como una llegada a destino. Un regreso al presente. Una manera sencilla de cerrar una noche en la que Bahiano volvió a recorrer su historia musical y, al mismo tiempo, permitió que cada uno de los que estaban en Vorterix recorriera la propia.

Quizás esa sea una de las formas más poderosas que tiene la música de permanecer. Las canciones pasan a formar parte de nuestras vidas y, cuando vuelven a sonar, también vuelven un poco quienes fuimos.

Esta noche, en Vorterix, Bahiano abrió esa puerta. Y durante una hora y media, una sala llena decidió entrar.

Pero hay algo más poderoso que dejó este encuentro: Bahiano no está simplemente mirando hacia atrás, está habitando su presente, disfrutando cada canción y asumiendo con naturalidad la dimensión de una historia que construyó y que ya forma parte de la cultura musical argentina.

Bahiano demostró que el tiempo puede transformar una canción, pero no necesariamente puede llevársela. Y esta noche, en Vorterix, esas canciones volvieron a sonar. Con ellas, también volvieron algunas partes de nosotros.

Redacción
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