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MUERDO: “El equilibrio siempre está en escucharse a uno”

El cantautor español Pascual Cantero, conocido artísticamente como Muerdo, regresó a la Argentina para reencontrarse con un país que hace tiempo dejó de ser solamente un lugar en el mapa. En una entrevista exclusiva y presencial con Diario Confluencia, habló de sus 15 años de recorrido, de volver a Niceto ocho años después de aquella primera presentación que marcó un salto en su carrera, de la necesidad de recuperar lo pequeño en tiempos de inteligencia artificial y de una Latinoamérica que también transformó su manera de vivir y de hacer música.

Hay regresos que no siempre significan volver al mismo lugar. Y a ocho años después de aquella primera presentación en Niceto Club, Pascual Cantero volvió a pisar el mismo escenario. El hombre que por estos días habita las calles de Buenos Aires y de distintas ciudades del país, ya no es exactamente aquel que en 2018 comenzaba a dejar atrás los cafés para entrar en salas cada vez más grandes. En el medio quedaron escenarios, festivales, viajes, reconocimientos, millones de reproducciones, una pandemia, nuevas experiencias y una vida que también fue cambiando mientras Muerdo seguía construyendo su propio camino.

Diario Confluencia tuvo la posibilidad de mantener un encuentro con el artista un jueves por la mediatarde, en un espacio especialmente acondicionado para recibirlo durante su paso por Buenos Aires. Desde el primer momento, la recepción por parte de la agencia de prensa fue cordial y amena y, ya puertas adentro, apareció un Muerdo relajado, dispuesto a conversar y a compartir más que las respuestas previsibles de una entrevista de agenda.

La primera pregunta no comenzó por el show ni por la preparación de una nueva presentación. Comenzó desde un camino realizado y todo lo que cambió desde esa primera visita, ocho años atrás.

“Esta gira es un poco eso: mirar por el retrovisor y volver a donde nacen las canciones también en muchos casos. Está siendo volver a espacios que han sido importantes en mi carrera”, cuenta Muerdo al recordar aquella primera visita a Niceto. Después de ese salto llegaron el Gran Rex, Cosquín Rock, Baradero y otros escenarios que ampliaron considerablemente el recorrido de un artista que hoy lleva 15 años de trayectoria.

Pero hay lugares que quedan asociados a momentos particulares. Y Niceto es uno de ellos.

Después de Niceto pasaron un montón de cosas”, recuerda. Y entre esas cosas aparece una transformación que no fue solamente profesional. También fue social, tecnológica y personal. La pandemia, los cambios políticos, el avance acelerado de la tecnología y la manera en que las nuevas plataformas comenzaron a modificar la relación entre los artistas y quienes escuchan sus canciones forman parte de ese paisaje que Muerdo observa cuando mira hacia atrás.

“Creo que están siendo años, a nivel individual y colectivo, de mucho movimiento”, sostiene.

En medio de ese movimiento, sin embargo, hay algo que permanece. La necesidad de comunicar. “Lo que persiste es esa esencia de querer comunicar cosas al mundo y hacerlo a través de la música”, explica. Esa búsqueda continúa intacta, aunque las herramientas, los escenarios y las experiencias hayan cambiado. También cambió el propio Pascual: aparecen nuevas canas, nuevas arrugas y nuevas experiencias que, como él mismo reconoce, lo fueron formando como ser humano y como músico.

Quizás allí esté una de las claves para entender al Muerdo de hoy. No se trata solamente de mirar cuánto creció, sino de preguntarse qué decidió conservar después de todo ese recorrido.

Y en esa respuesta aparece una palabra que atraviesa toda la conversación: conexión.

Conectar con el público, explorar nuevas músicas, pulir la manera de llevar las canciones hacia quienes las escuchan y, al mismo tiempo, mantenerse en movimiento. Pero también aprender a escuchar otra cosa: aquello que el propio cuerpo y el propio corazón están pidiendo.

Durante los últimos años, Muerdo conoció también la dimensión de una carrera que puede medirse en cifras. Plataformas digitales, millones de reproducciones, reconocimientos y escenarios de mayor escala construyen una idea de éxito que muchas veces parece obligar a seguir creciendo indefinidamente.

Sin embargo, su presente parece plantear una pregunta diferente: «¿qué pasa cuando crecer demasiado también puede hacerte perder algo?«

“Nosotros veníamos de hacer festivales, de hacer salas más grandes, de movernos en un formato banda y fue una decisión también personal el querer reducir un poco, el querer presentar las canciones en un formato más íntimo”, explica. No habla de una renuncia. Tampoco de un retroceso. Habla de escuchar. Y expresa:

“Yo creo que el equilibrio siempre está en escucharse a uno, en escuchar lo que te pide el cuerpo, lo que te pide el corazón y hacer en cada momento lo que precisa tu ser”.

Y esa frase adquiere otra dimensión cuando la relaciona con una idea que parece cada vez más difícil de sostener en la industria cultural: crecer sin necesidad de convertir ese crecimiento en una carrera permanente.

El crecimiento insostenible no tiene ningún sentido”, afirma.

Para Muerdo, quizás sea más importante construir una trayectoria que pueda durar que perseguir permanentemente el próximo número. Por eso prefiere imaginar una carrera de fondo, con un público que permanezca y que no dependa de una aparición circunstancial en una playlist o en el cartel de un festival.

“Está mucho más bueno dar pasos pequeños y hacer una carrera de fondo en la que al final yo tenga un nicho de público que es fiel, que me escucha, que ama lo que hago, por encima de aparecer en una lista de reproducción o en el cartel de un festival”, sostiene.

Y entonces aparece Argentina. No como una parada más dentro de una gira latinoamericana, sino como un territorio que fue adquiriendo un peso propio en su vida. En la conversación, Muerdo habla de símbolos que lleva consigo: Messi, Charlie, Maradona, José Alfredo Jiménez. Son pequeñas señales de un vínculo mucho más profundo con Latinoamérica, un territorio que, reconoce, le cambió la vida y donde su música encontró “un desarrollo natural muy bonito y muy importante”.

Pero Argentina tiene una historia particular. No solamente porque aquí su música encontró público, sino porque también hubo vínculos humanos que excedieron largamente el escenario. Vivió durante seis años una relación de pareja en el país y construyó amistades que permanecieron más allá de la música.

“Cuando cada vez cuesta más dejar este lugar para regresar a Madrid, y cuando cada vez estás en Madrid y tienes más ganas de volver a Buenos Aires, yo la verdad es que tengo el corazón fragmentado entre diferentes lugares del mundo”, confiesa.

Y dentro de esa geografía emocional hay dos lugares que ocupan un espacio especial: Argentina y España. Tal vez por eso su regreso tenga algo de reencuentro. No solamente con un escenario, sino con personas, afectos y una parte de sí mismo que quedó ligada a este país. Y la charla nos traslada inevitablemente al fútbol, otro territorio donde Muerdo construyó una relación afectiva con Argentina. Durante el último Mundial siguió a la Selección con la camiseta argentina, aunque su corazón también estaba con España.

Su mirada sobre aquello que sucedió alrededor de la competencia permite conocer otra faceta del artista. Para él, el fútbol argentino tiene una capacidad de unión difícil de encontrar en otros espacios de la sociedad. “Creo que para Argentina el fútbol es la única cosa que sucede que tiene la capacidad de unir a un país”, analiza. Pero inmediatamente lleva esa reflexión hacia un territorio que excede el deporte: las redes sociales y la polarización.

Muerdo observa cómo las plataformas digitales pueden convertir una diferencia deportiva en una confrontación mucho mayor, amplificada por sistemas que premian el conflicto y la interacción permanente. “Las redes sociales están diseñadas para que cuanto más polarización haya, haya más confrontación, más engagement y más movimiento en la red”, señala. Su conclusión vuelve a conectar con una idea que aparece varias veces durante la conversación: no perder de vista a las personas detrás de las herramientas.

Argentina y España, sostiene, son “pueblos hermanos”. Y frente a la lógica de la confrontación permanente, propone algo bastante más sencillo: no entrar en el juego. Quizás no sea casual que esa misma preocupación por lo humano aparezca cuando habla de su música.

FOTO: Cuenta oficial de MUERDO, donde el español escribió: «Hay países que uno visita y hay países que,
con el tiempo, se vuelven un hogar. Argentina es uno de ellos. Qué alegría regresar con las canciones, los abrazos
y las historias que siguen creciendo en el camino.

En una época atravesada por la inteligencia artificial, la velocidad y la tecnología, Muerdo eligió para esta gira reducir elementos, acercarse a lo acústico y regresar a un formato más pequeño.

Está bueno no perder de vista la realidad de lo humano”, había dicho al comienzo de la conversación.

Y esa frase termina funcionando casi como una declaración de principios. Porque mientras una parte de la industria parece avanzar hacia escenarios cada vez más grandes, cifras cada vez mayores y herramientas capaces de producir contenido en segundos, Muerdo vuelve a Niceto con otra intención: hacer de ese regreso una celebración.

FOTO: Cierre del show el jueves 6 de agosto en Niceto Club, Buenos Aires.

Ese jueves 6 de agosto, el encuentro tuvo formato de fiesta. Con una presentación previa, música antes y después del show, invitados de la escena argentina y un concierto pensado como un reencuentro. Pero el verdadero invitado parece ser el tiempo. El tiempo que pasó desde aquel Niceto de 2018. El tiempo que transformó a Pascual Cantero. El tiempo que le permitió recorrer escenarios, conocer países, construir canciones y sumar público. Y también el tiempo suficiente para entender que no todo lo que crece necesariamente mejora.

Ocho años después, Muerdo vuelve al lugar donde alguna vez se animó a “meter la mano en el fuego”. Ahora regresa con otros escenarios detrás, otras experiencias y otra mirada. No vuelve para demostrar hasta dónde llegó. Vuelve para encontrarse con aquello que todavía quiere seguir siendo. Y quizás allí esté la verdadera razón de este regreso: después de 15 años de camino, volver a la raíz no es mirar hacia atrás. Es saber desde dónde seguir avanzando.

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Redacción
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