El ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, confirmó que los investigadores intentan recuperar grabaciones de la masacre y apuntó a dos narcos conocidos como “abuelo” y “papá”, a quienes el detenido respondía.

El ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, reveló nuevas líneas de investigación en torno al triple crimen de Florencio Varela, tras la detención en Perú de los principales acusados, entre ellos el temido narco conocido como “Pequeño J”.

Según el funcionario, los investigadores trabajan en la búsqueda de registros audiovisuales de las torturas sufridas por las víctimas que estarían almacenados en el teléfono del detenido. “‘Pequeño J’ tiene un perfil sádico”, advirtió Alonso, y confirmó que la atención está ahora puesta en identificar y detener a dos sospechosos clave, quienes fueron vistos junto a las víctimas en la Chevrolet Tracker en la que se produjo el secuestro.

La trama de la masacre

Alonso detalló que Matías Ozorio, considerado la mano derecha de “Pequeño J”, también detenido en Perú, fue ubicado en la casa de Villa Vatteone la noche de la masacre. “Su teléfono lo ubica allí”, afirmó. El ministro agregó que se sospecha que Ozorio fue la tercera persona que iba en el auto con Víctor Sotacuro y Florencia Ibáñez, dos de las víctimas fatales.

El funcionario sostuvo además que “‘Pequeño J’ utilizó los cuerpos de estas chicas para dar un mensaje” tanto a su organización como a bandas rivales.

Conexiones con capos narcos

La investigación apunta a que el detenido rendía cuentas a dos jefes narcos a los que llamaba “abuelo” y “papá”, y que estaba vinculado a organizaciones dedicadas a la logística del narcotráfico internacional, encargadas de trasladar droga desde países productores hacia la Argentina.

Creemos que tuvo que rendir cuentas a sus superiores porque le habían robado dinero o droga, y utilizó los cuerpos de estas chicas para dar un mensaje a sus subalternos, a las bandas opositoras y a sus superiores”, explicó Alonso.

El quiebre dentro de la organización

El ministro subrayó que la brutalidad del crimen generó un rechazo incluso entre otros sectores criminales: “Fue tan violento y tan terrible lo que hizo, que el resto de las organizaciones decidieron entregarlo. Y ahí nos empezaron a dar mucha información de los lugares que él frecuentaba”.

Con las detenciones realizadas en Perú y las nuevas pistas sobre los sospechosos aún prófugos, los investigadores esperan avanzar en las próximas semanas para esclarecer uno de los episodios más crudos del crimen organizado en el conurbano bonaerense.