Perú ya tiene presidenta electa. La autoridad electoral confirmó la victoria de Keiko Fujimori, quien se impuso en la segunda vuelta presidencial y se convertirá en la primera mujer en ocupar la jefatura del Estado peruano cuando asuma el próximo 28 de julio.
La candidata del partido Fuerza Popular obtuvo el 50,135% de los votos, frente al 49,865% alcanzado por el postulante de izquierda Roberto Sánchez. La diferencia final fue de poco menos de 50.000 votos, luego de varias semanas de revisión de actas y recursos presentados tras el balotaje del 7 de junio.
La demora en la proclamación respondió al análisis de votos observados e impugnaciones, en una de las elecciones más ajustadas de la historia reciente del país. Una vez concluido el escrutinio oficial, las autoridades electorales confirmaron el triunfo de Fujimori.
Tras conocerse el resultado definitivo, Keiko Fujimori agradeció el respaldo recibido y aseguró que gobernará con humildad y responsabilidad. La dirigente afrontó su cuarto intento presidencial, luego de haber perdido los balotajes de 2011, 2016 y 2021.
Su victoria representa el regreso del fujimorismo al poder más de dos décadas después del gobierno de su padre, Alberto Fujimori, una figura que continúa generando fuertes divisiones en la sociedad peruana por su legado de reformas económicas, la lucha contra el terrorismo y las posteriores condenas por violaciones a los derechos humanos y corrupción.
Durante la campaña, Fujimori centró sus propuestas en el combate contra la inseguridad, el fortalecimiento de la economía y la recuperación de la estabilidad institucional, en un país que atravesó una prolongada crisis política y tuvo una sucesión de presidentes en los últimos años.
Por su parte, Roberto Sánchez rechazó el resultado y reiteró sus denuncias de presuntas irregularidades en el proceso electoral, aunque hasta el momento no presentó pruebas que modificaran el resultado validado por las autoridades electorales y los observadores internacionales.
La nueva presidenta asumirá el desafío de gobernar un país profundamente dividido, con elevados niveles de inseguridad, una economía que busca consolidar su recuperación y un Congreso fragmentado que será clave para la gobernabilidad durante el período 2026-2031.

