Hay personajes históricos que cumplen un rol fundamental en la identidad de una nación, como José de San Martín en Argentina, George Washington en Estados Unidos o José Gervasio Artigas en Uruguay. Este último es una figura curiosa por varios motivos. Primero porque rechazó la independencia del territorio que hoy le rinde tributo, y lo proyectó como parte de otro Estado. Pero también porque su aporte en los años de la independencia no se limitó a pelear contra el imperio español, sino que promovió ideas novedosas para la época.
Los inicios
Nació en Montevideo en 1764, ciudad que años después pasaría a formar parte del virreinato del Río de la Plata junto con territorios de las actuales Argentina, Uruguay, Paraguay y partes de Bolivia y de Brasil.

Creció en una familia patricia y franciscana de buena posición social. A los catorce años abandonó sus estudios para instalarse en el campo, donde comenzó trabajando como comerciante de cueros y ganado. Luego fue incorporado en los Blandengues, una milicia rural encargada de mantener el orden en el interior de la Banda Oriental (como se conocía a Uruguay en aquellos años). El tiempo que permaneció en la campaña le permitió ganar reconocimiento y prestigio entre las personas que vivían ahí. Desde muy temprano construyó vínculos estrechos con gauchos e indios, adoptando sus códigos y estilo de vida.
Sin embargo, todo cambiaría en mayo de 1810 cuando estalló una revolución en Buenos Aires que depuso al virrey Baltasar Cisneros, y lo reemplazó por una junta de gobierno que entró en tensión con la metrópoli. Así empezó un conflicto entre los revolucionarios, que buscaban mayor autonomía frente a la Corona española, y los realistas que se mantenían fieles a ella. A Artigas estos sucesos lo agarraron siendo un hombre experimentado, de casi cuarenta y seis años.
Desertando de su cargo de capitán de los blandengues, se puso a disposición de la nueva junta formada tras la revolución. Se le encomendó la misión de organizar la resistencia frente a Montevideo, donde todavía mandaban los realistas. Para ello, organizó un ejército que incluía a varios de los sectores considerados marginales en esa época, como indios y afrodescendientes, y se lanzó a la lucha.
Su liderazgo fue decisivo para estas batallas, que más tarde se recordarían como las guerras independentistas rioplatenses. No sólo contuvo el avance realista en el interior de la Banda Oriental, sino que además expandió los ideales de la revolución a más sectores de la sociedad. Al ser una figura con mucha conexión con los habitantes – principalmente en las zonas rurales – más que un líder militar era un referente popular. La adhesión que despertaba en muchas personas profundizó la participación social y popular en la revolución. Su campaña militar fue exitosa, y consiguió grandes avances. Tras la batalla de Las Piedras, en la que venció pese a su inferioridad numérica y de recursos, consiguió sitiar Montevideo.

Pero para su desgracia, el gobierno en Buenos Aires firmó un armisticio con los realistas en 1811 que implicó el retiro de las tropas revolucionarias de la Banda Oriental, abriendo una primera grieta entre el caudillo y el poder porteño. Y es que las diferencias entre estas dos partes no se limitaban a una cuestión de intensidad de la revolución, donde Artigas era mucho más radical en cuanto a cortar relaciones con la corona española. Había divergencias muy profundas con respecto al régimen que se debía construir una vez lograda la ruptura con la metrópoli.
Artigas creía firmemente en un gobierno liberal, republicano y federal, donde cada una de las provincias tuviese un alto grado de autonomía, cediendo algunas atribuciones al poder central. También pensaba que la revolución debía enfocarse en alterar el equilibrio social en favor de los menos favorecidos, y en convocar a los diferentes pueblos para definir una política en común. Todas estas ideas caían muy mal en Buenos Aires, donde se prefería un gobierno más centralizado que los tuviese a ellos en la cúspide.
Artigas y sus seguidores sintieron como una traición el armisticio, que tiraba por la borda meses de lucha. Cumplieron la orden de retirarse de la Banda Oriental, pero se distanciaron del liderazgo porteño de la revolución y se reagruparon en el campamento de Ayuí en Entre Ríos. Fueron miles las familias que cruzaron el río Uruguay y se pusieron bajo el resguardo del caudillo. Además de orientales, había entrerrianos, correntinos, misioneros, e incluso indígenas. Dice la leyenda que, en el actual territorio uruguayo, sólo quedaron los ancianos para morirse. Este episodio, conocido como “el éxodo de 1811”, consolidó a la figura de Artigas como un líder popular, que se distinguía por el fuerte lazo que tenía con su sociedad. En torno a su persona y a su liderazgo, se comenzó a constituir una identidad propia del pueblo oriental.

De todos modos, el mencionado armisticio terminó durando poco, y para 1813 los conflictos ya se habían reanudado. En 1814 el directorio que gobernaba Buenos Aires tomó Montevideo, y derrotó al principal bastión realista en el Río de la Plata. Sin embargo, ahí se profundizó la pelea entre Artigas y los porteños, ya que estos últimos pretendieron imponer un gobernador afín para todo el territorio oriental. Esto generó un gran rechazo en el caudillo y sus seguidores, quienes se enfrentaron contra las fuerzas directoriales en numerosas batallas a lo largo del litoral. Artigas resultó el vencedor, y para 1815, ya había expulsado al directorio de la Banda Oriental.
Sin realistas ni porteños, tenía el control total sobre su territorio.
El apogeo
Con el ánimo de construir e institucionalizar un poder que compitiese con Buenos Aires, fundó la Liga de los Pueblos Libres junto a distintas provincias aliadas (como Entre Ríos, Santa Fé y Córdoba) y asumió el título de Protector. Todas ellas se reunieron en el Congreso de Oriente, celebrado en junio de 1815, donde se reafirmó el programa independentista, republicano y federal.

Este programa ya había sido presentado ante el resto de provincias en la recordada “asamblea del año XIII”, donde los representantes artiguistas fueron rechazados por los porteños debido a las diferencias irreconciliables que tenían con ellos.
Para 1815, el caudillo era un gran dolor de cabeza para el directorio, por sus posturas y su creciente poder político. Su influencia no se limitaba a la Banda Oriental, sino que se extendía hacia las otras provincias de la Liga. Con el objetivo de neutralizar su poder y evitar que siguiera expandiéndose por otras regiones, Buenos Aires le ofreció la independencia de su territorio. Oferta que sería rechazada ya que el proyecto artiguista era dentro de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y porque tampoco quería perder sus lazos con las provincias del litoral argentino.
La mala relación entre ambas partes era tal, que Artigas y algunas de sus provincias aliadas no enviaron representantes al Congreso de Tucumán, convocado bajo la órbita del Directorio, donde el 9 de julio de 1816 se declaró la independencia en nombre de las Provincias Unidas.
Aquellos fueron sus mejores años. El caudillo gozaba de un gran poder político sostenido en su influencia y control sobre distintos territorios. Esto le permitió sancionar normas como un reglamento para el reparto de tierras confiscadas, y políticas como la creación de escuelas y bibliotecas públicas y la difusión del uso de la vacuna. En materia comercial, mantuvo un perfil proteccionista que favorecía a sus socios del litoral, y puso un bloqueo contra el puerto de Buenos Aires. Aún así, en su momento de mayor poder, siempre defendió un proyecto con la Banda Oriental como parte de las Provincias Unidas.
El declive
Los buenos tiempos de Artigas se terminaron cuando los portugueses invadieron su territorio en 1816. Desde el gobierno porteño veían contentos como su enemigo se metía en graves problemas, por lo que no enviaron ayuda para repeler el avance luso. El caudillo oriental, entonces, solicitó apoyo a sus socios del litoral, pero estos estaban muy preocupados en defender sus respectivas provincias de las ofensivas de Buenos Aires.
El ejército de Artigas iba perdiendo terreno frente a los portugueses, mientras sus aliados entrerrianos y santafesinos continuaban su lucha contra el poder central. Estos enfrentamientos terminarían en febrero de 1820 con la derrota porteña y la victoria de los caudillos litoraleños en la batalla de Cepeda. Para Artigas, a pesar de no poder formar parte, resultó una victoria.
Lamentablemente, no pudo disfrutarla mucho porque el líder de Entre Ríos, Francisco Ramírez, firmó un tratado con Buenos Aires por su propia cuenta. Tratado que, además, no mostraba intenciones de auxiliarlo en su lucha contra los portugueses. Artigas había perdido casi todo su territorio, y su posición se veía muy debilitada. Por lo tanto, ninguno de sus socios necesitaba de él y decidieron centrarse en sus propias prioridades.
Al enterarse de este desplante, estalló de furia y se dirigió a Entre Ríos para combatir a su ex aliado. Para su desgracia fue derrotado, y terminó escapando a Paraguay donde se quedaría hasta el final de su vida.

El legado
Uruguay nació como Estado independiente años después. A pesar de que para ese momento Artigas se encontraba alejado, su rol en todo el proceso fue muy importante. No sólo para la Banda Oriental, sino para el resto de las provincias del Río de la Plata. Sofocó a los realistas en una zona que amenazaba directamente al corazón de la revolución, al mismo tiempo que difundió sus ideales en diversos sectores de la sociedad. Sin embargo, es curioso ver como el libertador y la figura más importante de la tradición uruguaya nunca imaginó a su nación como Estado independiente, sino que siempre la pensó como una parte de un proyecto más grande. Es por esto que no es descabellado decir que José Gervasio Artigas fue uno de los padres del federalismo rioplatense. De todos modos, es importante reconocer su contribución para la formación de una identidad oriental propia, que luego se consolidaría con la creación del Uruguay independiente.
A mi querida abuela Raquel, oriental en la vida y en la muerte también.
Autor: Juan Cruz Tonelli
Fuentes
Benjamín Nahum (1999): “Breve historia del Uruguay independiente”
Félix Luna (1966): “Los caudillos”
Eduardo Sacheri (2022): “Los días de la revolución (1808-1820): Una historia de cuando Argentina no era Argentina”
AsAIH (2020): “La revolución en el Litoral y en la Banda Oriental. Ana Frega.” (Youtube)
Ana Frega – Ariadna Islas (2001): “Nuevas miradas en torno al artiguismo”. Ensayo de M. Blanca París de Oddone: “Presencia de Artigas en la Revolución del Río de la Plata (1810-1820)
Mario “Pacho” O’Donnell (2011): “Artigas: la versión popular de la revolución de mayo”
Imágenes
Foto de portada: Link
Foto 1: Link (levemente editada con IA)
Foto 2: Cuadro de Juan Manuel Blanes
Foto 3: Dibujo de Diógenes Hequet
Foto 5: Link
Foto 6: Pintura atribuida a Eduardo Carbajal

