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Damián Duflós: «Una ciudad que no invierte en sus artistas deja de tener identidad»

El músico, docente y gestor cultural de Esquel profundizó su propuesta de construir un espacio de encuentro para los artistas locales y reflexionó sobre el valor de la cultura en la construcción de una comunidad.

A veces una publicación en redes sociales alcanza para poner sobre la mesa una conversación que venía esperando su momento. Eso ocurrió en Esquel con la reflexión del músico, docente y gestor cultural Damián Duflós, quien compartió una serie de pensamientos sobre la realidad de quienes hacen música en la ciudad y la necesidad de fortalecer los espacios de encuentro entre artistas.

La repercusión fue inmediata. Hubo adhesiones, críticas, propuestas y también debates. Pero detrás de todas las reacciones apareció una pregunta de fondo: ¿qué lugar ocupa hoy la cultura en la construcción de la identidad de una comunidad?

Para Duflós, la respuesta está lejos de reducirse a los escenarios o a los espectáculos.

En diálogo con Diario Confluencia, explicó que en ciudades intermedias como Esquel resulta más sencillo reconocer aquellos rasgos que conforman una identidad colectiva. Y dentro de esa construcción, los artistas cumplen un papel fundamental.

“Una ciudad que no invierte en la cultura y en sus artistas deja de tener identidad. Deja de tener una firma que haga que pueda ser reconocida en otro lugar, más allá de los paisajes o los atractivos turísticos”.

El músico sostiene además que cuando se habla de cultura, no se está hablando solamente de la música. La reflexión incluye a escritores, poetas, bailarines, artistas visuales, actores y a todas aquellas expresiones que ayudan a una comunidad a contarse a sí misma.

En ese sentido, observa que muchas veces la sociedad logra identificarse con mayor facilidad con el deporte que con el arte. Lo atribuye, en parte, a una lógica donde los resultados son visibles y medibles. Un campeón, un récord o una medalla generan una referencia inmediata. La cultura, en cambio, transita otros caminos, más vinculados al encuentro, la sensibilidad y la construcción de sentido.

La música como oficio

La reflexión también alcanza a quienes hoy comienzan a recorrer el camino artístico. A los jóvenes que ensayan en un garaje, que forman una banda con amigos o que sueñan con vivir de la música sin abandonar la ciudad donde nacieron.

Duflós se muestra prudente frente a las ideas románticas que suelen rodear al mundo artístico. Considera que el talento existe, pero que por sí solo no alcanza. La formación, la disciplina y la perseverancia ocupan un lugar central en cualquier proyecto que aspire a sostenerse en el tiempo.

Según explica, detrás de cada presentación hay años de estudio, horas de ensayo, inversión en instrumentos, viajes, producción y aprendizaje permanente. Por eso insiste en que el camino artístico debe ser entendido como un oficio que requiere preparación constante.

Hay que estudiar. Siempre hay que estudiar”, resume al referirse a quienes desean dedicarse profesionalmente a la música. Y agrega que, como ocurre en tantas disciplinas, el desafío consiste en encontrar aquello que uno haría toda la vida por pasión y luego construir las condiciones para convertirlo en un medio de vida.

La realidad de la mayoría de los músicos argentinos señala, «combina los escenarios con la docencia». Es esa combinación la que permite sostener una carrera a largo plazo sin abandonar la vocación.

Una invitación a encontrarse

Entre las ideas que surgieron a partir de su publicación apareció la posibilidad de avanzar hacia una Asociación de Músicos de Esquel. Sin embargo, Duflós aclara que no se trata de una propuesta cerrada ni de una estructura institucional ya definida.

Más bien, la entiende como una invitación a generar comunidad.

La primera necesidad, sostiene, no pasa por redactar estatutos ni conformar comisiones, sino por volver a encontrarse. Reunir en una misma mesa a músicos de distintos géneros, edades y trayectorias para compartir experiencias, problemáticas y posibles soluciones.

Recuerda que experiencias similares existen desde hace años en otras ciudades patagónicas, como Neuquén o Bariloche, y que demostraron que la organización colectiva puede convertirse en una herramienta valiosa para fortalecer la actividad artística.

Pero advierte que el principal desafío quizás sea otro.

“Es difícil coordinar y empezar a desprenderse un poquito del ego para entender que el crecimiento es colectivo, no individual”.

La frase resume buena parte del espíritu de la conversación que Duflós intentó abrir. No se trata solamente de músicos. Tampoco exclusivamente de cultura. Se trata de pensar qué lugar ocupa la comunidad en tiempos donde muchas veces predomina lo individual.

Quizás por eso la propuesta sigue despertando interés. Porque más allá de la forma que pueda tomar en el futuro, la pregunta ya está planteada: cómo construir una escena cultural más fuerte, más conectada y más representativa de la ciudad que la ve nacer.

Y acaso el primer paso sea, justamente, el más simple y el más difícil de todos: sentarse a conversar.

Redacción
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