La muestra Alma Naciente, del artista argentino Gabriel Altamirano, tuvo este jueves una activación especial en la Casa Nacional del Bicentenario, donde a través de un recorrido a pie de la obra y un posterior conversatorio, reunieron al artista, su curador Gastón Fournier y al artista visual, curador y docente cubano, Iván Cepeda. Este interesante encuentro amplió las formas de acercarse a la obra y abrió un diálogo sobre sus dimensiones materiales, simbólicas y conceptuales, a partir de distintas miradas sobre las piezas y los procesos que dieron origen al cuerpo de obra.
Y así, durante casi dos horas, la sala se convirtió en un espacio de intercambio, donde quienes se acercaron pudieron recorrer las distintas piezas junto al artista y su curador, conocer el origen de algunas de las obras y detenerse en los procesos que dieron lugar a cada una de ellas. Desde la sencillez de una línea hasta la profundidad de un símbolo, el recorrido permitió descubrir que detrás de cada elemento existe una historia, una intención y una posibilidad diferente de interpretación.

Altamirano fue poniendo en palabras el nacimiento de sus obras, mientras Fournier aportó la mirada curatorial que articula el conjunto y permite comprender la exposición como una arquitectura emocional. El recorrido volvió así sobre algunos de los conceptos que atraviesan Alma naciente: las imágenes mentales, los deseos, la memoria y aquellas representaciones que las personas construyen para imaginar y sostener un futuro posible.
A esa mirada se sumó Iván Cepeda, quien propuso una lectura desde una dimensión simbólica y metafísica de la obra. Su participación permitió abrir el campo de interpretación hacia los signos, los gestos, las relaciones invisibles y los distintos planos que pueden convivir dentro de una misma creación artística. La propuesta no fue encontrar una única explicación, sino ampliar las posibilidades de lectura.
El intercambio con el público fue uno de los aspectos centrales del encuentro. Las preguntas, las opiniones y las diferentes percepciones fueron construyendo una conversación abierta, en la que la experiencia personal de cada visitante también tuvo un lugar. En ese sentido, Alma naciente volvió a demostrar que una obra conceptual puede generar distintas lecturas sin perder su identidad, y que parte de su potencia está precisamente en aquello que despierta en quien la contempla.

«En un momento de tanta IA y donde desde ese lugar, nos crean humanos todo el tiempo; creo que, a través de esta obra, lo que Gabriel nos permite, es creer que el arte también tiene esa condición, y que también se puede crear nuestras propias versiones, totalmente alejadas de la mirada o propuesta que la tecnología nos impone»
Jorge Alviárez, participante del conversatorio.
La actividad permitió también volver sobre una exposición que propone una experiencia sensorial y corporal, integrada por dibujos, esculturas, piezas textiles, instalaciones y dispositivos que construyen diferentes atmósferas. En el centro del recorrido se encuentra una monumental figura textil de aproximadamente cinco metros de longitud, concebida como un autorretrato expandido y vulnerable que invita a experimentar la obra desde la cercanía.

Más que una visita guiada tradicional, el encuentro funcionó como una nueva manera de habitar la exposición. La presencia simultánea del artista, el curador y una mirada externa permitió que una misma obra pudiera ser atravesada desde diferentes lugares: desde su proceso de creación, desde la construcción curatorial y desde una interpretación simbólica capaz de abrir nuevas preguntas.

Alma naciente continuará abierta al público hasta el 27 de septiembre en el cuarto piso de la Casa Nacional del Bicentenario, ubicada en Riobamba 985, Ciudad de Buenos Aires. La entrada es libre y gratuita y puede visitarse de miércoles a domingos, de 15 a 20.
Una exposición que, a medida que se acerca a su cierre, continúa encontrando nuevas formas de ser mirada. Porque en Alma naciente la obra no termina necesariamente en aquello que el artista creó: también continúa en las sensaciones, preguntas e interpretaciones que cada visitante se lleva consigo.

