Durante los últimos años, hablar de inteligencia artificial empezó a ser casi inevitable.
ChatGPT, Gemini, Claude, generadores de imágenes, asistentes virtuales, herramientas que escriben, traducen, resumen, crean música o analizan documentos. Y con todo eso llegaron también las preguntas, los temores y las discusiones: ¿qué va a pasar con nuestros trabajos?, ¿la IA va a reemplazar a las personas?, ¿podemos confiar en lo que responde?, ¿hay que aprender a utilizarla?
Son preguntas importantes.
Pero antes de intentar responderlas, hay algo mucho más sencillo que podemos hacer: mirar alrededor. Porque la inteligencia artificial no apareció con ChatGPT.
Hace años que convivimos con ella.
Probablemente ya la usaste hoy
¿Abriste el teléfono esta mañana y lo desbloqueaste mirando la pantalla? Es posible que hayas utilizado inteligencia artificial. ¿Buscaste una dirección y una aplicación te indicó cuál era el camino más rápido? También. ¿Spotify te recomendó una canción que terminó gustándote?
Otra vez, IA.
¿Netflix te sugirió una película porque entendió qué tipo de contenidos solés mirar? Sí. ¿Tu correo electrónico mandó automáticamente un mensaje sospechoso a la carpeta de spam? Ahí también hay sistemas automatizados que utilizan técnicas de inteligencia artificial.
Y la lista sigue.
Los bancos utilizan sistemas para detectar operaciones que pueden resultar inusuales. Las cámaras de los teléfonos reconocen escenas y personas y ajustan automáticamente parámetros de una fotografía. Algunas aplicaciones traducen textos a partir de una imagen. Los sistemas de reconocimiento de voz convierten nuestras palabras en texto.
Incluso cuando buscamos algo en internet, los sistemas que organizan y priorizan los resultados utilizan modelos y algoritmos cada vez más sofisticados para intentar mostrarnos aquello que consideran más relevante.
La IA no llegó de repente. Lo que cambió radicalmente es que ahora podemos sentarnos frente a una pantalla y hablar con ella.
De herramienta invisible a conversación
Durante mucho tiempo, la inteligencia artificial funcionó detrás de escena. No necesitábamos saber que estaba ahí. Simplemente utilizábamos una aplicación y obteníamos un resultado. Eso cambió con la aparición de herramientas capaces de comprender instrucciones escritas en lenguaje cotidiano y responder de manera conversacional. Ya no hace falta saber programación para pedirle algo a una máquina.
Podemos escribir:
“Explicame este concepto como si tuviera 12 años.”
O:
“Ayudame a organizar un viaje de cinco días con poco presupuesto.”
O:
“Tengo que estudiar este tema. Haceme preguntas para saber si realmente lo entendí.”
La tecnología se volvió mucho más visible. Y quizás por eso también nos genera cierta inquietud.
¿La inteligencia artificial piensa como una persona?
No. Y esta aclaración es importante.
Las herramientas actuales pueden producir respuestas sorprendentes, mantener conversaciones, analizar información y realizar tareas complejas, pero eso no significa que tengan conciencia, experiencias personales o una comprensión del mundo idéntica a la nuestra.
Además, pueden equivocarse. Pueden interpretar mal una pregunta, entregar información desactualizada o incluso presentar como cierto algo que no lo es. Por eso aprender a utilizar IA no significa creerle todo.
Significa aprender a pedir, revisar, comparar y decidir. Y quizás esa sea una de las habilidades más importantes que vamos a necesitar en los próximos años.
La pregunta no es si vamos a convivir con la IA
En realidad, ya lo hacemos. La pregunta es qué lugar queremos darle en nuestra vida.
Podemos utilizarla para ahorrar tiempo en una tarea repetitiva. Para aprender algo que siempre nos costó, para ordenar una idea, para practicar un idioma, para preparar una entrevista de trabajo, para organizar un viaje, para encontrar una forma diferente de explicar algo o simplemente para explorar una idea que todavía no sabemos cómo llevar adelante.
No se trata de dejar que una máquina haga todo por nosotros. Se trata de descubrir qué cosas puede ayudarnos a hacer mejor.
Ese es el espíritu de VIVIR CON IA, el nuevo espacio de Diario Confluencia. No queremos demonizarla ni convertirla en una solución mágica. Queremos acercarla. Explicarla. Probarla. Y descubrir, juntos, dónde realmente puede ser útil.
PROBALO VOS TAMBIÉN
Hoy: Google Lens: ¿No sabes cómo describirlo con palabras?

Usa tu cámara o una imagen para realizar una búsqueda.
Para empezar no hace falta instalar una herramienta futurista ni aprender nada complicado. Probemos con algo que probablemente ya esté disponible en tu teléfono: Google Lens.
¿Qué hace?
Permite utilizar la cámara o una fotografía para identificar objetos, plantas, animales, lugares, productos y textos, entre otras posibilidades.

También puede traducir texto que aparece en una imagen.

¿Es gratis?
Sí. Google Lens está disponible de manera gratuita, aunque algunas funciones y su disponibilidad pueden variar según el dispositivo y la aplicación que utilices.
¿Dónde lo encuentro?
Podés buscar Google Lens en Google Play o utilizar el ícono de Lens dentro de aplicaciones de Google compatibles.

Probalo en 5 pasos
1. Abrí Google Lens.
2. Apuntá con la cámara hacia un objeto que tengas cerca.
Puede ser una planta, un producto, un libro, una prenda o cualquier objeto que te genere curiosidad.
3. Tomá la imagen o seleccioná una fotografía que ya tengas.
4. Observá qué identifica Lens y qué información encuentra.
5. Probá una segunda vez con algo diferente.
Ahora buscá, por ejemplo, un texto escrito en otro idioma y utilizá la función de traducción.
El desafío DC
Buscá un objeto que tengas en tu casa cuyo nombre no conozcas.
Fotografialo con Google Lens y descubrí qué es.
Después hacete una pregunta:
¿Cuántas veces podrías haber utilizado una herramienta así sin siquiera pensar que estabas usando inteligencia artificial?
Una última recomendación
La inteligencia artificial puede ser muy útil, pero identificar algo no significa necesariamente que la respuesta sea correcta. Cuando la información sea importante -salud, dinero, cuestiones legales, seguridad o decisiones relevantes- conviene consultar fuentes confiables y verificarla. Porque convivir con IA también significa aprender a utilizarla con criterio.

