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Del petróleo a los datos: el nuevo desafío tecnológico que enfrenta Vaca Muerta

El crecimiento de pozos, instalaciones y sistemas conectados aumenta la complejidad de la operación. El ingeniero Rodrigo Cabot explicó a Diario Confluencia los riesgos de la fragmentación de datos, las fallas de conectividad y la ciberseguridad, y qué condiciones deberían cumplirse antes de escalar el uso de inteligencia artificial.

Vaca Muerta produjo 643.100 barriles diarios de petróleo en julio de 2026, un 26,4% más que un año atrás, según datos de la Secretaría de Energía. La producción de gas alcanzó, en tanto, los 96,5 millones de metros cúbicos diarios. Y detrás de esa expansión existe otra infraestructura menos visible que también necesita crecer: redes, sistemas, sensores, plataformas, centros de soporte y mecanismos de seguridad capaces de sostener una operación cada vez más extensa y conectada.

El desafío aparece cuando la incorporación de pozos, instalaciones remotas y contratistas avanza más rápido que la capacidad para integrar la información, garantizar las comunicaciones y proteger los sistemas tecnológicos que intervienen en la operación.

Así lo explicó a Diario Confluencia, Rodrigo Cabot, gerente de Desarrollo de Negocios, Alianzas y Estrategia Tecnológica de Ecosistemas Global, ingeniero en Informática y especialista con más de 25 años de experiencia en el sector tecnológico.

El especialista explicó específicamente sobre las dificultades que aparecen cuando una operación como Vaca Muerta aumenta su escala, Cabot identificó cuatro puntos centrales: fragmentación de datos, conectividad en locaciones remotas, convergencia entre sistemas IT y OT y capacidad de respuesta ante incidentes.

Cuando los datos existen, pero permanecen separados

Una operación energética moderna produce enormes cantidades de información. Para Cabot, el problema aparece cuando esos datos están disponibles pero los sistemas que los contienen no pueden comunicarse adecuadamente entre sí.

En Vaca Muerta pueden coexistir sistemas tecnológicos anteriores con nuevas plataformas cloud y tecnologías utilizadas directamente sobre el terreno, entre ellas sensores IoT y sistemas SCADA destinados al monitoreo y control de procesos industriales.

“Si estos entornos no conversan entre sí, la información queda atomizada, impidiendo tener una visión operativa unificada en tiempo real”, explicó Cabot a Diario Confluencia.

La consecuencia puede exceder ampliamente una dificultad informática. Según el especialista, “la falta de una arquitectura tecnológica integrada se traduce en paradas imprevistas de planta o pozos, demoras en la toma de decisiones críticas de perforación y fractura, sobrecostos por ineficiencia logística e incidentes de seguridad que pueden comprometer tanto la producción como la integridad física y ambiental”.

La expansión productiva plantea entonces una cuestión que no se resuelve únicamente incorporando más tecnología: cómo conseguir que los diferentes componentes funcionen como parte de una misma arquitectura.

(FOTO: Vaca Muerta – Neuquén)

La distancia también es un problema tecnológico

La extensión territorial de Vaca Muerta agrega otra dificultad. Pozos, plantas, equipos e instalaciones se encuentran distribuidos en diferentes locaciones y necesitan mantener comunicaciones estables para sostener procesos críticos.

Cabot señaló que garantizar conectividad y resiliencia en esos puntos requiere enlaces capaces de responder ante una operación distribuida: “La latencia, la falta de redundancia o una caída de enlace impactan directo en la continuidad del monitoreo”, indicó.

Una interrupción, deja así, de ser solamente un inconveniente de conectividad cuando impide acceder a información necesaria para controlar una operación.

“En energía, la falta de disponibilidad tecnológica es directamente pérdida de continuidad operacional”, resumió el ingeniero.

(FOTO: Gentileza – Mejor Energía)

Más sistemas conectados, mayor superficie para proteger

La digitalización también modifica los riesgos. Las operaciones energéticas combinan cada vez más los sistemas corporativos de tecnología de información –IT– con las tecnologías utilizadas para controlar procesos físicos e industriales –OT-.

Esa integración permite compartir información y automatizar tareas, pero también puede multiplicar los puntos que necesitan ser protegidos.

Según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA) aportados como referencia por Cabot, los ciberataques contra organizaciones energéticas se triplicaron entre 2020 y 2024 y aumentaron su nivel de sofisticación.

“Al conectar redes industriales de campo con sistemas corporativos y analíticos, la superficie de ataque se multiplica”, explicó el especialista.

En este escenario, la ciberseguridad no queda limitada a proteger archivos o información corporativa. Una vulnerabilidad puede alcanzar sistemas vinculados con procesos operativos, infraestructura y continuidad de la producción.

Inteligencia artificial: qué puede resolver hoy

La inteligencia artificial ya tiene aplicaciones concretas dentro de la industria energética, aunque Cabot advierte que incorporarla sin una estructura tecnológica preparada puede agregar nuevos problemas.

Una de las áreas donde ofrece resultados es el mantenimiento predictivo. Los modelos pueden analizar variables como vibración, temperatura y presión de bombas, compresores y turbinas para detectar patrones y anticipar posibles fallas.

También existen aplicaciones para la perforación, mediante la detección automática de anomalías, recomendaciones sobre determinados parámetros mecánicos y análisis de información geológica y operativa acumulada. La IA puede intervenir además en la logística y cadena de suministro, optimizando rutas y despachos de flotas pesadas en territorios de alta exigencia como Vaca Muerta.

Otra aplicación aparece en la gestión de incidentes tecnológicos, mediante sistemas capaces de clasificar y automatizar parte de la resolución de requerimientos de soporte.

Pero Cabot plantea una condición anterior a cualquiera de esas herramientas. “Antes de escalar la inteligencia artificial, hay que escalar la capacidad de gobernarla”, afirmó ante la consulta de Diario Confluencia.

Para el especialista, la IA necesita datos de calidad, procesos claros y una gobernanza adecuada. Una arquitectura tecnológica fragmentada no se corrige automáticamente mediante la incorporación de algoritmos.

(FOTO: Imagen ilustrativa – Diario Confluencia)

Las decisiones que la inteligencia artificial no puede tomar sola

La tercera pregunta realizada por Diario Confluencia apuntó precisamente al límite: qué tareas pueden automatizarse y cuáles continúan necesitando una intervención humana decisiva.

Cabot ubicó en ese segundo grupo las decisiones críticas relacionadas con seguridad operacional y de procesos.

“Ningún algoritmo reemplaza la evaluación del factor humano ante condiciones imprevistas de pozo o emergencias que involucran vidas humanas y cuidado ambiental”, sostuvo.

También consideró indispensable la supervisión profesional en la gobernanza, ética y validación de modelos, para detectar posibles alucinaciones, sesgos o resultados incorrectos derivados de información incompleta o situaciones atípicas.

La definición de prioridades tampoco puede delegarse completamente: “La IA asiste el análisis, pero la definición de prioridades de inversión, la arquitectura de ciberseguridad y la articulación entre negocio, personas y tecnología continúa siendo una responsabilidad puramente humana”, señaló.

¿Quién puede resolver estos problemas desde la región?

El crecimiento tecnológico de Vaca Muerta plantea también una cuestión directamente relacionada con Neuquén y Río Negro: cuánto de esa nueva demanda puede ser atendida por profesionales y empresas radicadas en la región.

Diario Confluencia consultó a Cabot específicamente sobre las oportunidades que esta transformación puede abrir para las pymes regionales.

“La transformación de la cuenca no es únicamente para las grandes operadoras o los gigantes de servicios petroleros. Se está gestando un ecosistema donde el proveedor de servicios tradicional debe convertirse en un proveedor tecnológicamente confiable”, respondió.

Entre las áreas con posibilidades de desarrollo identificó los servicios locales de soporte y mantenimiento IT/OT, el despliegue de redes industriales seguras, la instrumentación y el monitoreo remoto. Asimismo, señaló oportunidades para empresas capaces de trabajar en integración y analítica de datos, ayudando a capturar, depurar y normalizar la información producida por las operaciones.

La automatización y el aseguramiento de calidad constituyen otro campo, especialmente en procesos vinculados con abastecimiento de arenas, productos químicos, agua y transporte.

Ser proveedor también exige dejar de ser una vulnerabilidad

La oportunidad regional, sin embargo, tiene condiciones. Las operadoras de mayor escala demandan trazabilidad, estándares internacionales, metodologías de gestión y capacidad para cumplir niveles de servicio previamente establecidos.

Cabot mencionó normas ISO, marcos como ITIL y acuerdos de nivel de servicio -SLA- como algunas de las herramientas utilizadas para garantizar previsibilidad.

Pero existe un requisito que adquiere una importancia creciente: la seguridad tecnológica del propio proveedor: “No se puede ser eslabón de la cadena de valor de una operadora si se representa una vulnerabilidad de acceso a sus redes”, advirtió.

Eso obliga a que empresas que históricamente pudieron concentrarse exclusivamente en prestar un determinado servicio incorporen también prácticas de ciberseguridad y protección de información.

(FOTO: Imagen ilustrativa – Diario Confluencia)

El talento que necesitará Vaca Muerta

La transformación alcanza finalmente a los trabajadores. Para Cabot existe una necesidad creciente de perfiles híbridos, capaces de comprender la dinámica de una operación energética y, simultáneamente, utilizar herramientas digitales.

Análisis de datos, automatización y tecnologías cloud, aparecen entre las capacidades que podrían ganar importancia.

“La articulación formativa y la capacitación continua son claves para que el empleo de alto valor agregado quede en la región”, sostuvo.

La cuestión introduce un desafío adicional para universidades, institutos, empresas y organismos vinculados con la formación laboral de Neuquén y Río Negro: anticipar qué conocimientos necesitará una industria cuya transformación ya no ocurre exclusivamente en el subsuelo.

El desafío que crece junto con la producción

Durante años, la evolución de Vaca Muerta se explicó fundamentalmente mediante producción, cantidad de pozos, inversiones y obras de infraestructura. Esos indicadores continúan siendo centrales, pero ya no describen por completo la escala que alcanzó la operación.

Cada nuevo activo conectado genera información. Cada sistema incorporado necesita integrarse. Cada enlace requiere disponibilidad. Y cada nueva conexión amplía también la superficie tecnológica que debe administrarse y protegerse.

El planteo de Cabot no supone frenar esa digitalización. Por el contrario, identifica condiciones necesarias para que pueda sostenerse:

Integración de datos, conectividad resiliente, ciberseguridad, capacidad de respuesta, estándares y supervisión humana.

Vaca Muerta enfrenta así un desafío que crece junto con sus niveles de producción: conseguir que la infraestructura tecnológica avance al mismo ritmo que la infraestructura física y la operación energética. Porque detrás de los barriles y los metros cúbicos existe otra red que también sostiene la producción. Datos, sistemas, comunicaciones y personas deberán responder a una escala que continúa aumentando.

Lo que ocurre en Vaca Muerta atraviesa un momento extraordinario de la historia, con oportunidades que también implican enormes responsabilidades. Y comprender la dimensión de este crecimiento, exige mirar más allá de los récords de producción, la cantidad de perforaciones o el valor de cada barril. Significa abrir nuevos debates sobre tecnología, seguridad, formación profesional y desarrollo regional, para que el potencial de nuestros recursos pueda traducirse en oportunidades reales y sostenibles. En ese camino, el aporte de Rodrigo Cabot permite ampliar la mirada sobre una transformación que no se limita a lo que ocurre bajo nuestro suelo, sino que involucra decisiones, conocimientos y responsabilidades que definirán buena parte del futuro de la región y de la Argentina.

Fuentes de referencia aportadas por el entrevistado.

Entrevistado: Ing. Rodrigo Cabot

Rodrigo Cabot es gerente de Desarrollo de Negocios, Alianzas y Estrategia Tecnológica de Ecosistemas Global. Es ingeniero en Informática por la Universidad Nacional de La Matanza, cuenta con formación de posgrado en administración de organizaciones financieras y gestión estratégica de inteligencia artificial, y posee más de 25 años de experiencia en el sector tecnológico.

Ecosistemas Global: indicadores del servicio de Tech Support.

IEA, Energy and AI: resumen ejecutivo y contexto global de ciberseguridad energética.

IEA: ciberataques semanales por organización energética, 2020–2024.

IEA: aplicaciones de IA para la optimización e innovación en energía.

PeopleCert: ITIL 4, marco de buenas prácticas para la gestión de servicios.

Secretaría de Energía (24/08/2026): producción de Vaca Muerta en julio de 2026. Petróleo: 643.100 barriles diarios (+26,4% interanual); gas: 96,5 millones de m³ diarios (+5,9% interanual). Estas cifras aportan contexto sobre el crecimiento productivo, no sobre el crecimiento de la infraestructura tecnológica.

Redacción
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