
Hay festivales que terminan cuando se apagan las luces del escenario. Y hay otros que continúan resonando mucho después de la última canción. Lo ocurrido los días 22 y 23 de mayo en Esquel pertenece claramente a esta segunda categoría.
La 4° edición de «Esquel Blues Festival» volvió a reunir a músicos, artistas, amigos y público de distintos puntos del país en una celebración que excedió ampliamente lo musical. Porque si algo dejó en evidencia esta nueva edición es que el blues, en la Patagonia, ya no es solamente un género: es una comunidad.

Consolidado dentro del calendario cultural regional y declarado de Interés Cultural y Turístico tanto por el Honorable Concejo Deliberante de Esquel como por la Legislatura de la Provincia del Chubut en sus cuatro ediciones consecutivas, el festival volvió a demostrar por qué se ha convertido en un punto de encuentro imprescindible para quienes entienden la música como un espacio de construcción colectiva.
Durante dos jornadas, el Auditorio Municipal de Esquel fue escenario de un recorrido sonoro que atravesó distintas vertientes del blues, el rhythm & blues, el rockabilly y el rock & roll, con artistas llegados desde Bahía Blanca, Comodoro Rivadavia, Trelew, Neuquén, Cipolletti, Buenos Aires, Trevelin y la propia ciudad anfitriona.

La apertura estuvo a cargo de Juan Cruz Trussi, seguido por la potencia del blues tradicional de Halftime Blues y la sensibilidad artística de Emiliana Duflós junto a Blue Train, en uno de los momentos más emotivos de la primera noche. El cierre quedó en manos de Good Fellas, que transformó el auditorio en una verdadera pista de baile con un repertorio cargado de energía y canciones propias.

La segunda jornada mantuvo la intensidad desde el primer acorde con Carucha Giménez & Blue Tonic, para luego dar paso al homenaje al Chicago Blues propuesto por Damián Duflós Blues Band. Uno de los instantes más conmovedores del festival llegó cuando Emiliana Duflós interpretó «In A Sentimental Mood», de Duke Ellington, generando un silencio absoluto en la sala y una emoción compartida que difícilmente pueda medirse en palabras.

Más tarde, JR y La Hora del Blues aportaron la identidad sonora de la Patagonia profunda con historias ligadas al Río Chubut y la región, mientras que Ale Gallo, llegada desde Buenos Aires, fue la encargada de cerrar el encuentro con una presentación vibrante junto a Good Fellas, llevando al público a un viaje musical directo hacia la década del cincuenta.
Sin embargo, quienes estuvieron allí coinciden en que el verdadero protagonista no fue un artista en particular ni una canción específica. Fue el clima. La sensación de encuentro. La posibilidad de compartir la música desde un lugar despojado de competencias y protagonismos individuales.
Quizás por eso las palabras de Damián Duflós, organizador e impulsor del festival, resumen mejor que nadie lo que dejó esta edición.
«Más de la mitad de mi vida la he dedicado al Blues y a trabajar para él. Es un género en el que uno no vive de él, sino para él»
Damián Duflós, músico organizador de «Esquel Blues Festival»
Tras el cierre del festival, Duflós habló de emociones, de gratitud y de una idea que atravesó cada rincón del encuentro: la amistad como motor de construcción cultural.
«Gracias por dejar el ego a un costado, por estar disponibles para lo que este encuentro requería y por comprender que algo mucho más grande ocurre cuando la música se convierte en abrazo.»

Esa frase probablemente sintetice el espíritu que se respiró durante todo el fin de semana. Porque Esquel Blues Festival no parece estar construyendo únicamente un evento. Está construyendo una identidad. Una que se sostiene en el trabajo colectivo, en la generosidad de los músicos, en el compromiso de quienes organizan y en un público que entiende que cada entrada adquirida es también una forma de fortalecer una escena cultural.
Desde Diario Confluencia acompañamos esta cuarta edición como medio aliado y auspiciante, reafirmando nuestra convicción de que los festivales, los artistas independientes y los proyectos culturales que nacen lejos de los grandes centros urbanos merecen visibilidad, acompañamiento y espacios donde sus historias puedan ser contadas. Porque detrás de cada escenario existe una comunidad creativa que aporta identidad, desarrollo y valor cultural a la Argentina.
Y si algo dejó claro esta nueva edición del Esquel Blues Festival es que la Patagonia no solo tiene historia con el blues. También tiene presente. Y, sobre todo, tiene futuro. El blues volvió a sonar en Esquel, pero lo que verdaderamente resonó fue el encuentro. Ese que, año tras año, sigue sembrando vínculos y escribiendo nuevas páginas en la historia cultural de la Patagonia. Porque, como bien recordó Damián Duflós al despedirse del festival: «Viva el blues. Pero, por sobre todo, viva la amistad.



