La Argentina despide a una de las mujeres más emblemáticas de su historia reciente. Taty Almeida, histórica dirigente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, murió este domingo a los 95 años luego de permanecer internada en el Hospital Italiano de Buenos Aires. La noticia generó una profunda conmoción en el ámbito político, social y de los derechos humanos.
Su nombre real era Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, aunque para millones de argentinos siempre fue simplemente Taty. Nació en 1930 y durante buena parte de su vida llevó una existencia alejada de la militancia política. Todo cambió el 17 de junio de 1975, cuando su hijo Alejandro Martín Almeida, estudiante de Medicina y trabajador de la agencia Télam, fue secuestrado y desaparecido por la organización parapolicial Triple A. Nunca volvió a verlo.
A partir de esa tragedia personal comenzó un camino que la transformaría en una de las voces más firmes de la defensa de los derechos humanos. En 1979 se incorporó a las Madres de Plaza de Mayo y, tras la división de la organización en 1986, pasó a integrar la Línea Fundadora, espacio desde el cual sostuvo durante décadas el reclamo de Memoria, Verdad y Justicia.
Con el paso de los años, Taty se convirtió en una referente indiscutida. Participó de marchas, conferencias, actos públicos y encuentros con jóvenes en todo el país. Su figura trascendió las diferencias políticas y fue reconocida por distintas generaciones como un símbolo de perseverancia, compromiso y resistencia frente a la impunidad.
La organización confirmó su fallecimiento a través de un emotivo comunicado. «Las palabras no alcanzan, se nos quedan cortas. Gracias por enseñarnos que amar es resistir y que la única lucha que se pierde es la que se abandona», expresaron desde Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora al despedir a quien fue su presidenta y una de sus voces más representativas.
Según informaron allegados, Almeida falleció a las 19:20 de este domingo. En las próximas horas se darán a conocer los detalles de su despedida, que podría realizarse en la sede del sindicato FOETRA, uno de los espacios históricamente vinculados a su militancia.
A lo largo de su vida recibió numerosos reconocimientos, entre ellos doctorados honoris causa y distinciones por su trayectoria en defensa de los derechos humanos. Sin embargo, ella solía definirse de una manera mucho más sencilla: una madre que jamás dejó de buscar a su hijo.
Su pañuelo blanco, su voz serena y su convicción inquebrantable formaron parte de algunas de las imágenes más profundas de la democracia argentina. Con su muerte, se apaga una presencia física, pero permanece una historia que atravesó medio siglo y que quedó ligada para siempre a una consigna que ella repitió hasta el final: «30 mil detenidos desaparecidos, presentes, ahora y siempre».



