
Hay historias que nacen de una idea. Otras nacen de una necesidad. Y algunas, las más profundas, nacen cuando la vida nos obliga a detenernos y volver a empezar.
Hoy, más de 40 mil personas siguen a Carla Brancaccio a través de su cuenta Yo_Sanoo. Desde Uruguay, acompaña diariamente a familias de distintos países de Latinoamérica que encuentran en ella información, herramientas y contención. Sin embargo, detrás de esa comunidad que crece cada día, existe una historia mucho más íntima. Una historia atravesada por preguntas, pérdidas, aprendizajes y una profunda transformación personal.
En una conversación con Diario Confluencia para «EXCLUSIVAS DC«, Carla se anima a mirar hacia atrás. No para quedarse en lo que pasó, sino para comprender cómo llegó hasta aquí. Porque antes de convertirse en terapeuta, antes de estudiar distintas disciplinas vinculadas al desarrollo humano y antes de transformarse en una referencia para miles de personas, fue una mujer enfrentando situaciones que la obligaron a reconstruirse más de una vez.

Lo que comenzó como una sucesión de acontecimientos capaces de quebrar a cualquier persona terminó convirtiéndose, con los años, en un camino de comprensión, formación y servicio. Hoy es terapeuta, creadora de la comunidad «Yo_Sanoo» y una voz cada vez más escuchada por familias que atraviesan situaciones vinculadas a la diabetes infantil y a los procesos de transformación personal.
Pero antes de llegar ahí hubo dolor. Y una historia cargada de superación y aprendizaje.
Corría el año 2018. «Hasta esa altura tenía una vida medianamente tranquila, viví en el exterior con mi pareja, tenía a una niña de tres años, sana, feliz, no había experimentado grandes inconvenientes«.
Vivía en Francia junto a su familia. Tenía una hija pequeña, una vida estable y un embarazo profundamente deseado. La noticia de que se trataba de una gestación gemelar llegó acompañada de una advertencia médica: era un embarazo de alto riesgo.
A los cinco meses, uno de los bebés dejó de desarrollarse. La decisión que debieron tomar fue tan dolorosa como inevitable. Para salvar a uno de los niños, había que dejar ir al otro.
«Estaba en la ciudad de Montpellier, ciudad donde se fundó la primera facultad de medicina. El hospital público de Montpellier es uno de los mejores de toda Europa«, explica Brancaccio, al momento que sigue contando otra cara de su historia: «A mí me operaron, pero seguía con Jeremías creciendo dentro de mi vientre. Entonces, eso es lo que me hizo a mí salir adelante».
Pero en ese «salir adelante«, debió bloquear ese duelo en ese momento, porque tenía que procurar y velar por la salud de su hijo que «estaba vivo adentro mío y que estaba creciendo». Y tenía Guillermina con tres años también.
Yo consolaba a los demás. Secaba lágrimas, abrazaba, sostenía. Y recién muchos años después entendí todo lo que estaba pasando dentro mío
Carla Brancaccio
Hoy, años después, Carla puede ponerle palabras a aquel momento: “Fue el acto de amor más grande que pude hacer como mamá”.
Y cuando parecía que la tormenta había pasado, llegó la siguiente. «Fueron momentos súper duros…», recuerda Carla. Y al instante siguiente lanza: «ahí aparece la famosa frase que dice ´cuando llega una, llegan todas´».
El nacimiento de Jeremías estuvo marcado por una situación extrema. Una mala praxis derivó en una infección severa que puso en riesgo la vida de ambos. El bebé permaneció 21 días en cuidados intensivos. “Ver a un hijo lleno de cables, peleando entre la vida y la muerte, es algo que no se olvida nunca”, confiesa Carla. Aquellos días cambiaron para siempre su escala de valores. Lo que antes parecía importante dejó de serlo.
¿Cómo se vuelve a respirar después de algo así? Y bueno… ¿Qué contestarte? Esa pregunta, fue la pregunta bisagra de mi vida
Carla Brancaccio
De pronto, la felicidad podía estar en algo tan simple como empujar un cochecito bajo el sol o cambiar un pañal en casa después de semanas de incertidumbre. “Empecé a disfrutar cosas que antes pasaban desapercibidas”, señala. Pero la vida todavía tenía reservado otro terremoto.
Sin embargo, aquello que parecía imposible de comprender en ese momento terminó dejándole algo inesperado: una conexión más profunda con la espiritualidad, con la fe y con una forma distinta de entender la vida.
Ocho meses después, su hija Guillermina recibió el diagnóstico de diabetes tipo 1. La familia seguía viviendo en Europa, lejos de Uruguay, lejos de los afectos cotidianos, lejos de las redes de contención.
Cuando estás lejos, estás vos y tu pareja. Nada más
El impacto fue enorme. Sin embargo, con el tiempo, Carla empezó a mirar esa historia desde otro lugar.
“Hoy entiendo que esos fueron los tres terremotos más grandes de mi vida. Pero también fueron los que me hicieron renacer”.
Ese renacimiento no ocurrió de un día para otro. Llegó después. Llegó cuando regresó a Uruguay. Llegó cuando pudo detenerse. Llegó cuando se permitió llorar. Porque durante mucho tiempo había estado sobreviviendo.
Estaba en modo lucha. Con la adrenalina al máximo. No tenía espacio para sentir
El verdadero proceso comenzó cuando se dio permiso para romperse. Para mirar el dolor de frente. Para entenderlo. Fue entonces cuando inició un profundo camino terapéutico que la llevó a estudiar Bioneuroemoción, Programación Neurolingüística, abordajes sistémicos y diferentes herramientas vinculadas al desarrollo humano.
Y algo empezó a cambiar.
“Cuando uno entiende, se libera”, fue una de las frases disparadoras de Brancaccio, quien asume ese instante y lo comparte hoy con miles de familias que pasan por lo mismo. Esa frase que parece un lema, es mucho más que eso: es uno de sus pilares fundamentales para su transformación personal y profesional.
Y es esta particular frase, la que aparece varias veces durante la charla. Como una certeza. Como una experiencia vivida. Pero también como una brújula. Porque en medio de ese recorrido descubrió algo que transformaría para siempre su presente. Comprendió que todo aquello que estaba aprendiendo para sanar, también podía ayudar a otras personas.
“Ahí entendí que estaba en el camino correcto”, señala, como una epifanía de su vida: lo que había comenzado como una búsqueda personal se convirtió en vocación, luego en profesión. Y más tarde en misión.
Con el tiempo llegaron los primeros pacientes, las primeras consultas. Los primeros mensajes de familias que atravesaban situaciones similares. Llegaron también las redes sociales. Y con ellas algo que jamás había imaginado: una comunidad. Miles de personas encontrando alivio en una historia que no ocultaba las heridas.
Porque Carla decidió hacer algo poco habitual: mostrar el proceso. Mostrar las dudas, los miedos.
Y mostrar también la esperanza:
Si Dios puso esto delante mío, voy a hacer lo mejor que pueda con ello.

Esa decisión dio origen a «Yo_Sanoo«. Un espacio donde comparte herramientas, acompañamiento, experiencias y recursos para familias que muchas veces llegan atravesadas por el desconcierto.

Y quizás uno de los aprendizajes más profundos de todo este camino tenga nombre propio: Guillermina. Porque si algo queda claro al escucharla hablar de su hija es que no la define por una condición médica.
“Guillermina tiene diabetes. No es diabética”, expresa su madre. La diferencia parece pequeña, pero para ella es enorme. Las palabras sí importan. Construyen. Moldean identidades. Y detrás de esa convicción aparece una enseñanza que excede cualquier diagnóstico. Y remata:
“Guillermina es mucho más que la diabetes”, expresa con un tono calmo y seguro. «Es una niña que baila. Que ríe. Que viaja. Que aprende. Que ama. Y que se convirtió en una gran maestra para toda la familia».


Hoy, seis años después del diagnóstico, Carla mira hacia atrás y encuentra sentido donde antes solo había preguntas. Carla no romantiza el dolor. No lo niega, no lo minimiza. Pero tampoco se queda atrapada en él.
Por eso insiste en un mensaje que atraviesa toda su historia:

Que se puede. No como frase hecha. No como consigna vacía. Sino como alguien que atravesó la pérdida, el miedo, la incertidumbre y la reconstrucción: “Se puede mirar el dolor. Se puede atravesarlo. Se puede encontrar un para qué”.

Quizás esa sea la verdadera historia detrás de Yo_Sanoo.
No la de una cuenta de Instagram. No la de una terapeuta. Ni siquiera la de una madre enfrentando la adversidad. Sino la de una mujer que un día decidió dejar de preguntarse por qué le había ocurrido todo aquello y comenzó a preguntarse para qué.
La diabetes llegó a mi vida de la manera más inesperada y me transformó para siempre. Primero me enseñó a ser mamá páncreas. Después me llevó a buscar respuestas, a estudiar, a formarme y a descubrir una vocación que hoy también es mi profesión.
Carla Brancaccio

Y desde entonces, aquella búsqueda personal se transformó en un puente para acompañar a otros. La Carla terapeuta encontró en su propia historia una herramienta de servicio y hoy resume esa convicción en una frase que atraviesa todo su trabajo: «Creo que la información, cuando nace del amor y de la responsabilidad, puede iluminar el camino de muchas familias».

Con el tiempo, ese propósito también encontró una forma concreta de crecer. Así nació Alma Plena – Sanar es volver a ti, un espacio dedicado al acompañamiento, la escucha y el desarrollo personal, donde cada experiencia, cada aprendizaje y cada encuentro buscan recordar algo esencial: que muchas veces el camino de regreso comienza dentro de uno mismo.

«No siempre encuentro el formato perfecto para llegar a todos. A veces será un reel, un post, un audio, un informe o un acompañamiento personalizado. Lo que sí tengo claro es que siempre busco el mejor camino posible para ayudar, con responsabilidad, sin juicio y con el corazón puesto en cada paso«, señala hoy la profesional.
Quienes siguen sus redes, saben que detrás de una cuenta de Instagram, hay una mamá que vive la diabetes todos los días. Por eso hoy miles de familias siguen encontrando refugio en su voz.

Quizás la historia de Carla Brancaccio no encuentra su verdadero valor en las respuestas que fue descubriendo, sino en las preguntas que nunca dejó de hacerse. Porque detrás de «Yo_sanoo» y «Alma Plena«, no hay una especialista que habla desde un lugar de certeza absoluta, sino una madre que atravesó pérdidas, miedos, diagnósticos, hospitales y noches interminables; y que eligió transformar cada una de esas experiencias en algo que pudiera servirle a alguien más.
En un tiempo donde las redes suelen mostrar versiones editadas de la vida, decidió compartir aquellas que más cuesta mostrar.
Tal vez sea allí donde reside la fuerza de su mensaje: No en prometer que todo va a estar bien, sino en demostrar que incluso cuando el piso parece desaparecer bajo los pies, siempre es posible volver a encontrar sentido, volver a ponerse de pie y tender una mano a quien todavía está atravesando la tormenta.


