La caída de Nicolás Maduro encontró a Javier Milei en una posición nítida y sin matices. El presidente argentino no solo celebró el operativo encabezado por Estados Unidos en Venezuela, sino que lo presentó como el final de un régimen dictatorial y un punto de inflexión para la región. En sus declaraciones públicas, Milei alineó a la Argentina con la administración de Donald Trump y anticipó que el país respaldará esa postura en la reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Para el mandatario, la captura del líder chavista representa algo más que un cambio de poder: marca el derrumbe de un sistema que, según sostuvo, se sostuvo en el fraude electoral, la violencia y el crimen organizado. Milei insistió en que Maduro había sido derrotado en las urnas y, aun así, se mantuvo aferrado al poder, lo que a su juicio justificó la intervención estadounidense.

En su análisis, el Presidente fue más allá del escenario venezolano. Definió a Maduro como un actor central de una red internacional ligada al narcotráfico y al terrorismo, con ramificaciones políticas y financieras en distintos países de América Latina. Bajo esa mirada, el operativo de Estados Unidos no fue un gesto aislado, sino una respuesta directa a lo que calificó como una amenaza regional.

Milei también sostuvo que el debilitamiento del régimen abre el camino para una transición política y afirmó que Edmundo González Urrutia debería asumir la presidencia por ser, según su visión, el verdadero ganador del proceso electoral desconocido por el chavismo. En ese sentido, habló de una oportunidad histórica para que Venezuela recupere la institucionalidad democrática y para que millones de ciudadanos desplazados puedan pensar en un regreso a su país.

La posición del jefe de Estado argentino incluyó además una referencia directa a la situación del gendarme Nahuel Gallo, secuestrado en Venezuela. Milei aseguró que su gobierno está redoblando esfuerzos diplomáticos para lograr su liberación y consideró que el cambio de escenario político podría aumentar las chances de un desenlace favorable.

El Presidente contrastó su postura con la de otros líderes regionales que repudiaron la operación militar. Sin mencionarlos en detalle, cuestionó duramente a los gobiernos de orientación socialista que, según dijo, toleran dictaduras y violaciones a los derechos humanos cuando provienen de la izquierda. En ese punto, recordó que él mismo fue blanco —según su relato— de interferencias y campañas sucias vinculadas al chavismo durante la elección presidencial argentina.

Para Milei, la caída de Maduro es una “excelente noticia para el mundo libre”. Enmarcó el episodio como el cierre de una etapa marcada por el éxodo masivo de venezolanos, el empobrecimiento extremo y la represión sistemática. También trazó un paralelismo histórico al comparar la influencia del chavismo en la región con la exportación de conflictos ideológicos y armados que protagonizó Cuba en décadas pasadas.

En su lectura final, el Presidente dejó en claro que la Argentina no se ubicará en una posición neutral. Eligió tomar partido y hacerlo de manera explícita, convencido de que el derrumbe del régimen venezolano redefine el tablero político regional y obliga a los gobiernos a mostrar de qué lado están.