
“Este adiós no maquilla un hasta luego”… predecía el perro andaluz en su canción «Nos sobran los motivos«. Y ese día que creíamos que nunca llegaría, llegó. Y cumplió, contra todo pronóstico. Sabina cerró este domingo su historia arriba de los grandes escenarios con un último concierto en el Movistar Arena Madrid, un recital cargado de emoción que marcó el final de una era.
La gira «Hola y Adiós«, presentada como la despedida definitiva, culminó este 30 de noviembre con el décimo show del artista en ese recinto, igualando el récord histórico de Dani Martín. Fue el capítulo final de un trayecto que abarcó España y Latinoamérica y que funcionó como un agradecimiento mutuo entre Sabina y su público, el que lo acompañó durante 71 recitales en este año de despedida.
En su cuenta oficial de instagram, Joaquín Sabina expresó: «Ha sido un adiós enormemente agradecido porque he ido viendo, al vivir y viajar, cómo han viajado y crecido mis canciones y yo con ellas. Y cómo han conseguido, de un modo misterioso, colarse en la memoria sentimental de varias generaciones. Todo eso tengo que agradecéroslo a vosotros, porque sin vosotros las canciones no existirían. Gracias eternas«.
Sus letras, cargadas de humor ácido, desencanto, amor y nocturnidad, lo transformaron en un autor imprescindible para varias generaciones. Además de su música, publicó poemarios y recibió múltiples reconocimientos por su aporte cultural.
Decir que cantó “sus canciones más conocidas” es decir que cantó prácticamente todo su repertorio. Hubo clásicos, rarezas, homenajes y nostalgias. Y también momentos en que el público tomó por completo el mando: “19 días y 500 noches” no la cantó Sabina, sino las 12.000 almas presentes, “con la lengua muy larga y la falda muy corta”.
En el escenario, Sabina dialogaba con las fotos del Sabina de antes: melena larga, juventud insolente, otros excesos. Y hablaba de su vocabulario eterno: la resaca, el tango, la primavera, Chavela Vargas, las malas compañías, la luna, los poetas, las cicatrices. Palabras que convirtió en lenguaje propio, en brújula sentimental para millones.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando recorrió el boulevard de los sueños rotos, evocando a Chavela Vargas hasta casi quebrarse. La parte mexicana del repertorio encendió un latido especial, un canto compartido: “Nos dijimos adiós, ojalá volvamos a vernos”.
Un final a la altura de su leyenda
La noche avanzó como suelen avanzar las noches sabineras: casi sin darnos cuenta. “Y casi nos dan las 3…”, bromeó el artista, mientras el concierto seguía y seguía. Y las 10, y las 11, y las 12, y la 1, y las 2… Hasta que los encontró “la luna sobre Madrid”.
El telón cayó cuando Sabina se quitó el último bombín y se inclinó profundamente ante el público. Un gesto solemne, el cierre perfecto para una vida dedicada a cantar las verdades —y las mentiras— más inolvidables.
“No sé si he escrito la canción más hermosa del mundo”, dijo alguna vez. Esta noche, todos creyeron que sí. O varias. O todas.
Porque el amor por Sabina no muere. Y él, tan joven y tan viejo, se marcha dejando un repertorio que seguirá vivo mientras haya alguien con una luna llena en el pecho. Joaquín Sabina ya es para siempre.
Cuando presentó la gira, Sabina fue contundente:
“No va a haber interrogante al final. Es el fin. Quiero quedarme en casa, dejar de ser una persona pública, escaparme de los selfies y dedicarme a leer y pintar”, confesó en una entrevista.
Y así fue. En su concierto final repasó buena parte del repertorio que lo volvió eterno: sentado frente al micrófono, guitarra en mano, recorrió los momentos más emblemáticos de su carrera y los que también marcaron la vida de su audiencia.
El 30 de noviembre de 2025 quedará grabado como la noche en que Sabina decidió decir adiós para siempre a los escenarios. Un retiro elegido, consciente y celebrado, que honra una carrera que atravesó medio siglo y dejó una marca profunda en la música hispana.


