Docente, traductora, autora y editora, Olga Drennen dejó una huella profunda en la literatura infantil y juvenil argentina. Publicó más de cien libros, formó generaciones de lectores y docentes, y fue jurado de los principales premios culturales del país. Su legado permanece en cada página que acercó a la infancia al amor por la lectura.

Con profundo dolor, el ámbito de la cultura y la educación de Argentina despide a Olga Drennen, una referente indiscutida de la literatura infantil y juvenil, cuya vida estuvo profundamente ligada a los libros, la docencia y el amor por la palabra escrita. La noticia se conoció este viernes.

Nacida en la provincia de Buenos Aires, su historia personal y literaria comenzó muy temprano. Creció en el colegio de su familia, un espacio donde aprendió casi al mismo tiempo a leer, escribir poemas y caminar, en una infancia atravesada por el juego, la imaginación y el contacto cotidiano con los libros. Para Olga, la lectura no fue nunca una obligación: fue una manera de estar en el mundo, un territorio propio que habitó hasta el final.

A lo largo de su extensa trayectoria, se desempeñó como docente, poeta, ensayista, traductora, editora y dramaturga, además de autora de cuentos, novelas y poesía. Su obra supera los cien títulos publicados, que acompañaron a generaciones de niños, niñas, jóvenes y educadores. Entre sus libros más recordados se destacan Wunderding y otros escalofríos, su debut literario, Te quiero, cuánto te quiero, La trama del miedo, Somos así, Leyendas que eran y son, Cuatro sonrisas y el sol, A bailar, Manuel, a bailar y Don Quijote y Sancho Panza a lo largo de la Mancha, entre muchos otros.

Su compromiso con la literatura trascendió la escritura. Olga tuvo una participación activa en el ámbito institucional y cultural, integrando jurados de ALIJA, del Fondo Nacional de las Artes, de los Premios Nacionales de Literatura Infantil y de otros reconocimientos de relevancia. Fue invitada habitual a congresos nacionales e internacionales, formó parte de numerosas antologías y colaboró con distintos medios de comunicación, aportando siempre una mirada lúcida y sensible sobre la infancia y la lectura.

También dejó una huella significativa en el campo de la traducción, donde se destaca su versión de “La carta robada” de Edgar Allan Poe, trabajo que reflejó su rigor intelectual y su profundo respeto por la literatura universal. En los últimos años, desarrolló su labor como editora en una reconocida editorial especializada en materiales para docentes, reafirmando su vocación por la formación y la circulación del conocimiento.

Quienes compartieron caminos con ella recuerdan no sólo su obra inmensa, sino también su generosidad intelectual, su curiosidad permanente y su capacidad para tender puentes entre el juego y el pensamiento, entre la imaginación y la realidad. Para Olga Drennen, la literatura fue siempre un espacio de encuentro y de transmisión.

«Estaba muy bien, nos tomó de sorpresa esta noticia«, señaló a Diario Confluencia Teresita Valdettaro, gestora cultural, editora y docente, con quien mantuvo una relación muy cercana. «Estuvimos juntas en Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, la última vez. Y hablábamos seguido… una amiga habló con ella en Navidad incluso«.

Sin lugar a duda, su partida deja un vacío profundo en el mundo cultural, pero también un legado que perdurará: libros que siguen vivos, lectores que crecieron con sus palabras y docentes que encontraron en su obra una aliada. Su voz continuará resonando en cada historia leída, en cada página abierta.