
Hay un orden que, en teoría, debería sostener cualquier democracia con un mínimo de sentido: el pueblo elige, el gobierno ejecuta y los medios de comunicación observan, investigan y cuentan lo que sucede para que el pueblo pueda supervisar a quienes eligió.
Un triángulo simple.
Un acuerdo básico.
Un pacto que se sostiene en la confianza: el pueblo delega, el gobierno sirve, la prensa ilumina.
Pero algo se desacomodó sin que hiciéramos demasiado ruido. Los vértices del triángulo empezaron a girar, a confundirse, a mezclarse hasta que el orden natural se dio vuelta.
En el esquema correcto, el pueblo está arriba y marca el rumbo. El gobierno, abajo, ejecuta ese mandato. Los medios, a un lado, sostienen la transparencia. Sin prensa independiente no hay control, y sin control, el poder se vuelve opaco, pesado,
tentadoramente impune.
Sin embargo, en la realidad actual ocurre otra cosa. En lugar de informar al pueblo lo que hace el gobierno, muchos medios terminan repitiendo lo que el gobierno quiere que el pueblo crea. El flujo se invierte: ya no es el pueblo el que supervisa, sino el gobierno el que dicta el relato.
Y la prensa, en vez de ser un puente, se convierte en altavoz.
Así, el triángulo se deforma:
lo que debería empezar en el pueblo ahora empieza en el poder;
lo que debería ser investigación se transforma en mensaje;
lo que debería ser comunicación se vuelve instrucción.
Y en este reino del revés, el pueblo —que debería ser el protagonista— queda reducido al papel de audiencia. Una audiencia que escucha, repite, reacciona… pero cada vez participa menos.
La incoherencia no es solo institucional, es profundamente humana. Un gobierno que olvida de dónde proviene su autoridad. Unos medios que olvidan para quién trabajan. Un pueblo que empieza, peligrosamente, a olvidar que su voz vale.
Quizás el primer paso para recuperar el orden sea tan simple como volver a mirar el triángulo tal cual debería ser:
pueblo en la cúspide, gobierno al servicio, medios vigilando con independencia.
Y dejar resonando esta pregunta inevitable:
¿Cuánto tiempo más vamos a aceptar vivir en el reino del revés sin intentar ponerlo de pie?
Autor: Ariel D. Gabrielli, con más de dos décadas dedicadas al desarrollo humano y organizacional, combina creatividad, neurociencia y metodologías ágiles para acompañar procesos de innovación y cambio cultural. Certificado como Agile Coach, ha impulsado programas de liderazgo, coaching y gestión en diversas instituciones públicas y privadas. Su enfoque integra la educación creativa y la agilidad como motores de transformación personal y colectiva.



