¿Se puede reconocer a un cóndor o a una mara como si tuvieran huella digital? En Neuquén creen que sí, y ya lo están haciendo con Inteligencia Artificial.
La provincia puso en marcha un sistema que combina cámaras de alta definición, domos de observación y tecnología de IA para monitorear en tiempo real a distintas especies silvestres. El corazón del proyecto es una red de 70 cámaras distribuidas estratégicamente en el territorio, conectadas a un centro de monitoreo en la capital neuquina.
El esquema no se limita a observar: analiza. A través de herramientas avanzadas como el sistema YOLO y el modelo Gemini, los dispositivos no solo detectan movimiento, sino que identifican especies y comparan patrones físicos como simetría, colores y rasgos corporales. El objetivo es determinar incluso si se trata del mismo ejemplar visto en distintos puntos del mapa.
El proyecto, bautizado como Fauna Lab, representa un salto tecnológico en materia de conservación. Las cámaras infrarrojas transmiten las 24 horas y almacenan cada registro de movimiento, mientras que las llamadas “cámaras trampa” se instalan en áreas específicas y recogen información periódica para estudios más detallados.
Gracias a este sistema, se monitorean especies emblemáticas como el cóndor andino, el gato montés, el choique y la mara, esta última considerada vulnerable en la estepa patagónica. Poder seguir sus desplazamientos y estimar poblaciones con datos concretos permite diseñar estrategias de manejo mucho más precisas.
La gran innovación no es solo mirar, sino entender lo que se mira. El uso de algoritmos permite procesar enormes volúmenes de información y convertir imágenes en datos científicos útiles para la toma de decisiones ambientales.
En un contexto donde la conservación depende cada vez más de información precisa, Neuquén apuesta a la tecnología como aliada. Cámaras que nunca duermen, inteligencia artificial que aprende patrones y un laboratorio que combina ciencia y territorio configuran un modelo que busca proteger la biodiversidad con herramientas del siglo XXI.
Porque en la Patagonia, ahora, los guardianes de la fauna también son digitales.



