Una madrugada de terror sacudió a los vecinos de Parque Patricios cuando el techo de un estacionamiento colapsó en un complejo habitacional ubicado detrás del estadio de Club Atlético Huracán. El derrumbe se produjo alrededor de las 4:30 y dejó más de 300 vecinos afectados, aunque, de manera casi milagrosa, no se registraron heridos.

El siniestro ocurrió en un predio situado sobre la calle Mafalda al 900, en un sector que funciona como patio interno y está rodeado por torres de departamentos. Por motivos que aún se investigan, el terreno cedió y terminó desplomándose sobre el estacionamiento subterráneo, provocando el colapso total de una losa de aproximadamente 50 por 70 metros.

La escena fue impactante: escombros, estructuras partidas y al menos 65 vehículos aplastados bajo toneladas de cemento y tierra. Las pérdidas materiales serían millonarias.

Tras el estruendo, que despertó a cientos de familias, se desplegó un amplio operativo de emergencia. Intervinieron Bomberos de la Ciudad, personal de Defensa Civil, el Grupo Especial de Rescate, la división K9 con perros de búsqueda y efectivos de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires. Como medida preventiva, se interrumpieron los suministros de electricidad y agua en el edificio mientras los especialistas evaluaban la estabilidad estructural.

El complejo alberga cerca de 500 familias distribuidas en unos 300 departamentos. Muchos vecinos fueron evacuados en plena madrugada y lograron salir con lo puesto; algunos pudieron rescatar a sus mascotas, mientras que otros permanecieron en sus viviendas a la espera de indicaciones.

“Si esto pasaba unas horas más tarde, podría haber sido una tragedia”, expresó uno de los residentes, todavía conmocionado. La coincidencia horaria —cuando la mayoría dormía y el movimiento en el garaje era nulo— evitó consecuencias mayores.

Entre los vecinos crece la preocupación por posibles fallas estructurales previas y por trabajos recientes en el lugar. Algunos apuntan a refacciones que, según sostienen, habrían debilitado la estructura. Otros mencionan problemas de drenaje que, combinados con las lluvias y el peso acumulado de tierra, podrían haber contribuido al hundimiento.

Mientras continúan las tareas de remoción y peritaje, el edificio permanece bajo evaluación técnica. El miedo ahora es doble: por lo que pasó y por lo que podría pasar si no se determinan con claridad las causas del colapso.

La investigación buscará establecer responsabilidades y definir si hubo fallas en los controles o irregularidades en las obras realizadas. Por lo pronto, el barrio sigue en vilo tras un derrumbe que, por minutos y por azar, no terminó en tragedia.