En el marco del tradicional Festival Qingming, millones de personas en China visitan cada año las tumbas de sus antepasados. Sin embargo, una nueva tendencia tecnológica comienza a transformar la forma de recordar a los muertos: el uso de inteligencia artificial para crear réplicas digitales de seres queridos fallecidos.
Por montos accesibles, algunos servicios permiten generar avatares animados capaces de replicar gestos, voz y expresiones, abriendo la posibilidad de “interactuar” con quienes ya no están. Esta práctica, que combina memoria, tecnología y emoción, crece rápidamente entre usuarios digitales.
En casos más avanzados, el fenómeno alcanza niveles de alta complejidad. El cantante Bao Xiaobai utilizó IA para recrear a su hija fallecida, logrando un video en el que canta cumpleaños. El proceso llevó más de un año y partió de registros mínimos, reflejando tanto el potencial técnico como la carga emocional de estas herramientas.
El auge de estos desarrollos se vincula con la expansión de la industria de los llamados “humanos digitales”, impulsada por empresas como SenseTime. Incluso figuras públicas han sido recreadas tras su muerte, como el fundador Tang Xiao’ou, cuyo avatar dio un discurso póstumo ante empleados de su compañía.
Sin embargo, no todos ven esta práctica como un avance positivo. La recreación digital del cantante Qiao Renliang generó rechazo en su familia, que denunció la utilización de su imagen sin consentimiento y el impacto emocional que provocó.
El debate crece entre especialistas y juristas, que advierten sobre la necesidad de regular estos contenidos, especialmente cuando pueden causar daño psicológico o vulnerar derechos de imagen.
Mientras tanto, la tecnología avanza más rápido que las normas, y plantea una pregunta de fondo: ¿hasta dónde es válido extender la vida en el plano digital?




