Las inundaciones que golpean a la provincia de Corrientes dejaron al descubierto una situación social crítica, con cientos de familias fuera de sus casas y fuertes cuestionamientos por la falta de obras estructurales para enfrentar este tipo de emergencias. Según datos oficiales, más de 400 personas debieron ser evacuadas en distintos puntos del territorio provincial.

El fuerte temporal, que dejó alrededor de 300 milímetros de lluvia, provocó el colapso de los desagües pluviales, anegamientos generalizados, cortes de energía eléctrica y serias complicaciones en el transporte. El suelo saturado no logró absorber el agua, lo que agravó la situación en barrios vulnerables.

Ante este escenario, Gendarmería Nacional y Prefectura Naval Argentina mantienen un monitoreo constante de la crecida de los ríos Uruguay y Paraná, cuyos niveles siguen generando preocupación. Mientras tanto, los evacuados fueron alojados en escuelas y gimnasios municipales, acondicionados de manera provisoria como centros de resguardo.

En las zonas más afectadas, personal de Defensa Civil, Bomberos y fuerzas policiales desplegó operativos para asistir a los damnificados, con el traslado de víveres, colchones y elementos de primera necesidad. También se reforzaron las tareas de seguridad ciudadana y prevención vial para evitar nuevos incidentes.

En medio de la emergencia, vecinos y referentes barriales expresaron su malestar y apuntaron contra la falta de obras hídricas en la provincia. Las críticas se concentran en la gestión del exgobernador Gustavo Valdés, actualmente sucedido por su hermano Juan Pablo Valdés, a quien también reclaman respuestas urgentes frente a una problemática que se repite año tras año.