Francia atraviesa una creciente crisis por las protestas estudiantiles. Cientos de miles de personas volvieron a movilizarse este martes en distintas ciudades para reclamar mejores condiciones educativas, en una jornada atravesada por enfrentamientos, incendios y un fuerte despliegue de las fuerzas de seguridad.
Las cifras reflejan la magnitud alcanzada por el denominado “Tercer Acto” de las protestas escolares. El Ministerio del Interior contabilizó 256.000 manifestantes en todo el país, mientras que las organizaciones estudiantiles elevaron la participación hasta 450.000 personas.
Solo en París, las autoridades estimaron una concurrencia de 56.000 manifestantes. Estudiantes secundarios y universitarios marcharon acompañados por docentes, padres y organizaciones sindicales desde la Plaza de la República hacia la Plaza de la Nación.

El impacto también llegó a las aulas. Según datos del Ministerio de Educación difundidos por LA NACION, 891 de los 3.700 institutos del país tuvieron sus clases total o parcialmente suspendidas. Algunas universidades también registraron bloqueos y cierres.
La protesta comenzó hace aproximadamente tres semanas y tiene como eje una serie de reclamos vinculados con las condiciones del sistema educativo francés. Los estudiantes denuncian aulas con entre 30 y 35 alumnos, falta de reemplazos para profesores ausentes, extensas jornadas escolares y edificios que consideran inadecuados, especialmente frente a episodios de temperaturas extremas.
También reclaman un plan de emergencia para renovar establecimientos, incorporar personal y modificar el sistema Parcoursup, la plataforma utilizada para asignar plazas universitarias a quienes terminan la escuela secundaria.
Pero la discusión educativa quedó progresivamente atravesada por otro conflicto: la violencia registrada durante las manifestaciones y el accionar de las fuerzas de seguridad.
Adolescentes gravemente heridos
Uno de los episodios que mayor conmoción provocó ocurrió el lunes frente al instituto profesional Auguste-Béhal de Lens, en el norte de Francia. Un estudiante de 15 años perdió una mano tras la explosión de una granada utilizada durante la intervención policial. La Fiscalía investiga las circunstancias exactas en las que se produjo la lesión.
Las autoridades señalaron que en ese momento entre 200 y 250 jóvenes arrojaban piedras, fuegos artificiales y otros objetos contra los efectivos. La investigación deberá establecer si el adolescente tomó el artefacto o si este lo alcanzó directamente.
El joven fue trasladado a un hospital de Lille y su vida no corre peligro.
El caso se sumó a otros episodios graves ocurridos durante las movilizaciones. En Tours, un adolescente de 16 años perdió la visión de su ojo derecho por heridas que la Fiscalía consideró compatibles con el impacto de un proyectil disparado mediante un dispositivo LBD.
En Argenteuil, otro joven de la misma edad sufrió una lesión ocular que podría ocasionarle la pérdida de la visión, mientras que en Saint-Ouen-l’Aumône un estudiante de 14 años padeció una doble fractura de mandíbula tras recibir el impacto de un proyectil.
Este último episodio ya produjo consecuencias judiciales: el policía sospechado de efectuar el disparo fue acusado formalmente y quedó bajo control judicial, de acuerdo con la información difundida por la Justicia francesa.
Las heridas sufridas por los adolescentes colocaron nuevamente en discusión en Francia la utilización de determinadas armas denominadas de “letalidad reducida” durante las operaciones de control de manifestaciones.
La Inspección General de la Policía Nacional (IGPN) tiene abiertas diez investigaciones relacionadas con hechos ocurridos desde el comienzo de las protestas.
Miles de detenidos desde el inicio de las movilizaciones
La violencia no afectó únicamente a los manifestantes. Según cifras oficiales, desde el comienzo del conflicto 215 alumnos y 85 trabajadores de la educación resultaron heridos, entre estos últimos 34 directores y subdirectores de establecimientos.
Las autoridades informaron además que 715 policías y gendarmes sufrieron heridas desde el 28 de septiembre.
En ese mismo período fueron detenidas 6.059 personas. El Ministerio de Justicia indicó que 5.060 quedaron bajo custodia policial y que el 87% son menores de edad. Un total de 1.802 personas enfrentan actuaciones judiciales.
El Gobierno francés sostiene que parte de los hechos violentos no fueron protagonizados por estudiantes. Directivos de diferentes instituciones denunciaron la presencia de personas encapuchadas y vestidas de negro ajenas a los establecimientos educativos.
El ministro de Educación, Édouard Geffray, afirmó que el movimiento fue tomado como rehén por grupos “ultraviolentos”, mientras que el Gobierno señaló a sectores de la ultraizquierda y a La Francia Insumisa (LFI).
Desde ese espacio político rechazaron las acusaciones y las calificaron como una teoría conspirativa. Hasta el momento no existe una investigación que haya establecido de manera general quiénes integran esos grupos ni una responsabilidad partidaria en los disturbios.
La tensión volvió a observarse este martes en París y otras ciudades. Hubo enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, lanzamiento de objetos, gases lacrimógenos y nuevos incidentes después de las principales movilizaciones.
En medio de las acusaciones cruzadas, el conflicto que comenzó por las condiciones del sistema educativo francés adquirió una dimensión mucho mayor.
Las demandas estudiantiles continúan, las investigaciones sobre la actuación policial avanzan y las graves heridas sufridas por varios menores colocaron al Gobierno bajo una creciente presión para explicar cómo se está gestionando la seguridad de unas protestas que ya movilizaron a cientos de miles de personas en Francia.