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Enfermedades del corazón: las señales que no hay que ignorar

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo. Un especialista explica por qué el riesgo puede comenzar a edades tempranas, cómo reconocer síntomas de alerta y qué hábitos ayudan a prevenirlas.

Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), provocaron aproximadamente 19,8 millones de fallecimientos en 2022, una cifra que refleja la dimensión de uno de los principales desafíos de la salud pública.

Aunque suelen asociarse con personas de edad avanzada, los problemas cardiovasculares pueden desarrollarse durante muchos años antes de manifestarse. Factores como el sedentarismo, el tabaquismo, la hipertensión y una alimentación poco saludable aumentan las probabilidades de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular.

El cardiólogo Luis Morales, docente de la Facultad de Medicina Clínica Alemana de la Universidad del Desarrollo de Chile, explicó al diario La Tercera que la prevención debe comenzar mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas.

“Una enfermedad cardiovascular no empieza el día del infarto, empieza años antes, cuando nos empezamos a exponer a los factores de riesgo”, señaló.

El especialista destacó la importancia de evitar el sedentarismo, mejorar la alimentación, cuidar el descanso y abandonar el tabaco. También recomendó controles periódicos para quienes presentan hipertensión, diabetes, sobrepeso o colesterol elevado, incluso cuando se sienten saludables.

Por qué los problemas cardíacos también afectan a los jóvenes

Uno de los cambios que preocupa a los especialistas es la presencia de factores de riesgo cardiovascular desde edades cada vez más tempranas.

La Asociación Estadounidense del Corazón (American Heart Association) ha advertido sobre la incidencia de infartos y accidentes cerebrovasculares entre adultos jóvenes, en muchos casos relacionados con condiciones que comienzan a desarrollarse durante la adolescencia.

Morales explicó que el riesgo no depende de una única causa, sino de la combinación de distintos factores y del tiempo durante el cual una persona permanece expuesta a ellos.

El sedentarismo, el exceso de peso, el tabaquismo y los hábitos alimentarios poco saludables pueden favorecer la aparición de obesidad, hipertensión arterial y diabetes, condiciones que incrementan el riesgo cardiovascular.

Por eso, la prevención no debería comenzar únicamente cuando aparecen molestias o se alcanza determinada edad.

Dolor de pecho: cuándo puede tratarse de una emergencia

Una de las situaciones que genera mayor incertidumbre es la diferencia entre un ataque de pánico y un infarto.

Ambos pueden compartir manifestaciones como dolor de pecho, palpitaciones, dificultad para respirar, mareos y náuseas.

Sin embargo, estas similitudes hacen que resulte difícil distinguirlos sin una evaluación médica.

“Es muy difícil distinguir, porque tanto un ataque de pánico como un ataque al corazón pueden compartir síntomas que son muy similares”, explicó Morales.

El especialista señaló que corresponde a los profesionales de la salud determinar si las molestias tienen un origen cardíaco o responden a otra condición.

Ante un dolor de pecho intenso, persistente o acompañado de falta de aire, sudoración fría, desmayo o molestias que se extienden hacia el brazo, la espalda o la mandíbula, es fundamental solicitar atención médica de emergencia.

No es recomendable esperar a que transcurra un tiempo determinado ni asumir que se trata de ansiedad. Una evaluación temprana puede resultar decisiva.

Las mujeres pueden presentar síntomas diferentes

Las enfermedades cardiovasculares no siempre se manifiestan de la misma manera en hombres y mujeres.

Si bien el dolor o la presión en el pecho es un síntoma frecuente en ambos, algunas mujeres pueden experimentar otras molestias, como dolor de espalda, cuello o mandíbula, cansancio inusual, náuseas y dificultad para respirar.

Según Morales, estas manifestaciones pueden confundirse con problemas digestivos, cuadros de ansiedad u otras afecciones.

Esa dificultad para reconocer los síntomas puede contribuir a que algunas enfermedades cardiovasculares no sean diagnosticadas oportunamente.

El especialista también señaló que existen diferencias en las edades a partir de las cuales aumenta el riesgo cardiovascular.

En las mujeres, ese riesgo suele incrementarse después de la menopausia, mientras que determinadas investigaciones han identificado un aumento más temprano del riesgo de enfermedad coronaria en los hombres.

De todos modos, ninguna edad ni sexo excluye la posibilidad de sufrir un problema cardíaco, especialmente cuando existen factores de riesgo.

Cuatro hábitos que ayudan a proteger el corazón

La prevención cardiovascular está relacionada con decisiones cotidianas que, sostenidas en el tiempo, pueden reducir el riesgo de desarrollar estas enfermedades.

El cardiólogo destacó cuatro hábitos fundamentales:

1. Incorporar actividad física. Evitar permanecer muchas horas sentado y realizar ejercicio regularmente contribuye a mejorar la salud cardiovascular. Caminar entre 30 y 60 minutos, cinco días a la semana, puede ser una alternativa para muchas personas, de acuerdo con sus posibilidades y condiciones de salud.

2. Mejorar la alimentación. Una dieta basada en verduras, frutas, legumbres, frutos secos, pescado y aceite de oliva, como la alimentación mediterránea, se asocia con beneficios cardiovasculares. También se recomienda moderar el consumo de carnes rojas y productos con exceso de sal.

3. Dormir lo suficiente. El descanso forma parte de la prevención. Para la mayoría de los adultos, dormir al menos siete horas por noche y mantener horarios regulares favorece la salud general.

4. Evitar el tabaco. Fumar es uno de los principales factores de riesgo modificables para desarrollar enfermedades cardiovasculares. Abandonar el consumo de cigarrillos reduce progresivamente ese riesgo.

Además de estos hábitos, los especialistas recomiendan controlar periódicamente la presión arterial, la glucosa y el colesterol, especialmente cuando existen antecedentes familiares u otras condiciones de riesgo.

La prevención cardiovascular no depende de una sola medida. Combina hábitos saludables, controles médicos y atención a las señales que puede presentar el organismo.

Reconocer los factores de riesgo antes de que aparezca una enfermedad y consultar oportunamente ante síntomas de alarma son dos herramientas fundamentales para cuidar la salud del corazón.

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