La Bombonera vivió una jornada de profunda emoción este sábado en el primer partido oficial de Boca tras el fallecimiento de Miguel Ángel Russo, ocurrido el pasado 8 de octubre. Tal como se había anticipado, el club preparó un homenaje conmovedor para despedir al entrenador que marcó la historia xeneize y que será recordado por siempre por su legado futbolístico y humano.
El plantel profesional llegó al estadio en un micro ploteado con la imagen del DT y la frase “A Boca no se le puede decir que no”, y antes del inicio del encuentro ante Belgrano se llevó a cabo un minuto de silencio, con los jugadores luciendo brazaletes negros. En la pantalla LED del estadio se proyectó el rostro de Russo, mientras una bandera gigante copaba las tribunas al grito de su nombre.
Pero el instante más emotivo lo protagonizó Leandro Paredes, quien ingresó al campo con globos azul y oro sosteniendo una camiseta con el nombre de Miguel, su año de nacimiento y el símbolo de infinito, gesto que desató el aplauso ensordecedor de toda la Bombonera.

Una semana después de su partida, el club también cumplió con el último deseo del entrenador: parte de sus cenizas fueron esparcidas en el césped de La Bombonera, en una ceremonia íntima junto a sus familiares más cercanos. Otra porción fue destinada al Gigante de Arroyito, cementando su eterno vínculo con los clubes donde dejó huella.
Miguel Ángel Russo, campeón de la Copa Libertadores 2007 con Boca, fue despedido con respeto, gratitud y amor. En el templo xeneize, su legado ya es parte de la eternidad.