La tragedia que dejó el fuerte temporal en Tucumán expuso una escena tan dramática como impactante: cientos de familias que perdieron todo ahora sobreviven a la vera de una ruta, en refugios improvisados, esperando ayuda para poder empezar de nuevo. El epicentro de la crisis es La Madrid, una localidad del sudeste provincial que quedó prácticamente cubierta por el agua tras el desborde del dique Escaba.
En apenas 48 horas cayeron alrededor de 250 milímetros de lluvia, un volumen que provocó el colapso de zonas enteras del pueblo y obligó a los vecinos a abandonar sus casas en medio de la inundación. Muchos salieron con lo puesto, cargando a sus hijos, mascotas y lo poco que pudieron rescatar antes de que el agua invadiera todo.
Hoy la postal es devastadora: unos cinco kilómetros de la ruta 308 se transformaron en un improvisado campamento, donde familias enteras armaron toldos con lonas, gazebos o cualquier material que encontraron para resguardarse. Allí llevan al menos tres días durmiendo, enfrentando frío, humedad y falta de servicios básicos.
Entre los damnificados está Matías, quien contó que vive junto a su esposa y su madre no vidente bajo un toldo prestado, sin más recursos que la solidaridad de otros vecinos. “Necesitamos colchones, frazadas, camas… lo básico para volver a empezar”, expresó con angustia. Su caso refleja el de muchos otros: familias enteras que perdieron muebles, electrodomésticos y pertenencias que tardaron años en conseguir.
El agua avanzó con distinta intensidad según la zona. En algunos sectores alcanzó cerca de 1,60 metros, mientras que en otros llegó hasta los tres metros, dejando viviendas completamente arrasadas. En medio de la emergencia, muchos vecinos también intentaron salvar a sus animales. Matías relató que tuvo que cargar al hombro a sus perros, gatos y hasta una cabrita para evitar que se ahogaran.
Las condiciones en el improvisado refugio sobre la ruta son extremadamente precarias. Los baños químicos instalados en la zona funcionan mal y no cuentan con agua, según denunciaron los propios afectados. “Pedimos un poco de humanidad, que al menos limpien los baños y los costados de la ruta”, reclamó uno de los vecinos.
El temporal dejó unos 15 mil evacuados en toda la provincia, de acuerdo con datos oficiales. Aunque las autoridades dispusieron colectivos para trasladar a los damnificados hacia zonas más seguras, muchos se resisten a abandonar el lugar por miedo a perder lo poco que quedó en sus viviendas.
La incertidumbre es total. Algunos vecinos lograron volver brevemente a sus casas y describieron escenas devastadoras: viviendas llenas de barro, animales muertos, presencia de víboras y todo tipo de insectos. Otros todavía ni siquiera pudieron verificar en qué estado quedaron sus hogares.
Una mujer que también vive sobre la ruta contó que no tiene señal telefónica ni electricidad y que su familia recién pudo entrar a la vivienda después de varios días. “Perdimos todo. No tengo dónde dormir. Ni siquiera tenemos lo más básico para la higiene”, relató.
En medio de la crisis, la solidaridad entre los propios vecinos se volvió clave. Quienes tenían un gazebo lo compartieron con otras familias que no lograron armar ni siquiera una carpa. En algunos refugios improvisados conviven hasta cinco familias juntas, intentando sobrellevar la situación como pueden.
También comenzaron a llegar vecinos de otras localidades con mercadería, ropa y elementos de primera necesidad, aunque los damnificados aseguran que la ayuda todavía no alcanza frente a la magnitud del desastre.
Muchos habitantes recuerdan que no es la primera vez que La Madrid queda bajo el agua. Algunos sostienen que ya atravesaron situaciones similares tres o cinco veces en los últimos años, lo que profundiza la sensación de abandono.
Para agravar el panorama, los pronósticos anticipan nuevas lluvias durante el fin de semana, algo que mantiene en alerta a quienes ya lo perdieron todo. Mientras tanto, sobre la ruta, la escena se repite: familias que pasan las noches sentadas porque no tienen colchones, rodeadas de barro, incertidumbre y esperando que llegue la ayuda que les permita volver a empezar.
