Cayó Nicolás Maduro. La frase, impensada durante más de una década, empezó a recorrer el mundo este sábado y ya se inscribe como uno de los hechos más trascendentes de la historia reciente de América Latina. La confirmación llegó desde Estados Unidos: el presidente Donald Trump anunció que el líder del chavismo fue capturado en Caracas y extraído de Venezuela en una operación militar de gran escala, ejecutada por fuerzas estadounidenses tras meses de planificación secreta.
Según la información oficial difundida por la Casa Blanca, la acción fue rápida, precisa y coordinada. Maduro fue detenido junto a su esposa, Cilia Flores, y trasladado fuera del país en avión, tras un despliegue que incluyó ataques aéreos, operaciones especiales y acciones de inteligencia en distintos puntos estratégicos del territorio venezolano. El operativo marcó un punto de quiebre absoluto en el equilibrio político regional y abrió un escenario inédito, tanto para Venezuela como para el continente.
Las primeras horas del operativo estuvieron acompañadas por fuertes explosiones en Caracas, sobrevuelos constantes de aeronaves militares y cortes de energía en amplias zonas de la capital. Videos grabados por vecinos mostraron columnas de humo, helicópteros de gran porte y un clima de pánico generalizado. Bases militares clave fueron blanco de los ataques iniciales, lo que permitió neutralizar defensas aéreas y facilitar el ingreso de fuerzas especiales que avanzaron hasta el complejo donde se encontraba el mandatario.
De acuerdo a fuentes militares estadounidenses, la misión —bautizada Resolución Absoluta— involucró a más de 150 aeronaves, drones, cazas, helicópteros y un despliegue naval sin precedentes en el Caribe desde la crisis de los misiles de 1962. El asalto final, ejecutado en la madrugada, fue definido por el alto mando como el más riesgoso desde la operación que terminó con la captura de Osama bin Laden. Sin embargo, aseguran que no hubo bajas estadounidenses y que la resistencia fue mínima: Maduro y Flores se entregaron sin oponer combate.
La captura del líder chavista no solo tiene impacto político, sino también judicial. Ambos quedaron bajo custodia del Departamento de Justicia de Estados Unidos y enfrentarán cargos vinculados al narcotráfico y al terrorismo en tribunales federales de Nueva York. Se trata de acusaciones que ya habían sido formuladas años atrás, pero que ahora ingresan en una etapa decisiva.
Horas después, Trump fue aún más allá y anunció que Estados Unidos asumirá el control transitorio de Venezuela hasta garantizar una transición política “ordenada y pacífica”. También adelantó que empresas petroleras norteamericanas volverán a operar en el país, con el objetivo de reconstruir la infraestructura energética y reactivar la economía.
En Caracas, la caída de Maduro generó miedo, incertidumbre y silencio. Las calles amanecieron casi vacías, con comercios atendiendo tras rejas y patrullajes constantes de fuerzas de seguridad. Mientras un grupo reducido de simpatizantes se concentró frente al Palacio de Miraflores, la mayoría de la población permaneció encerrada, a la espera de definiciones.
La detención de Nicolás Maduro cierra una etapa marcada por el autoritarismo, la crisis económica y el aislamiento internacional, y abre un interrogante profundo sobre el futuro de Venezuela. El impacto del operativo ya trasciende fronteras: el mapa político latinoamericano acaba de cambiar, y el mundo observa, con atención y cautela, cómo se reconfigura el poder en uno de los países más estratégicos de la región.
