La fotografía contemporánea amplía cada vez más sus fronteras: documenta lo que sucede, recupera aquello que el tiempo transforma y construye imágenes capaces de poner en duda lo que vemos. Esa diversidad atravesó Pinta BAphoto 2026, que se realizó del 22 al 25 de octubre en La Rural y reunió a galerías, artistas, coleccionistas y público interesado en las distintas formas de producción fotográfica.
En el recorrido convivieron registros documentales, investigaciones sobre el paisaje, escenas preparadas frente a la cámara y obras que incorporan otros materiales y procedimientos. La fotografía apareció así no solo como una herramienta para capturar la realidad, sino también como un lenguaje capaz de transformarla.

La inauguración de Pinta BAphoto 2026 reunió a artistas, galeristas, coleccionistas y público en una nueva edición dedicada a la fotografía contemporánea.
Del paisaje a las huellas de la industria
Una de las propuestas que llamó la atención fue Las grúas también bailan, de Ainelén Bertotti Burket, artista representada por la galería rosarina Subsuelo. El proyecto, realizado en Rosario en 2023, parte de una idea tan sencilla como inesperada: tres grúas de construcción abandonan por un momento su función habitual y participan de una coreografía al ritmo de Johann Strauss. La intervención convierte maquinaria industrial en protagonista de una escena colectiva y modifica la percepción de los elementos que forman parte del paisaje urbano.
En Las grúas también bailan, Ainelén Bertotti Burket transforma tres grúas de construcción en protagonistas de una coreografía al ritmo de Johann Strauss. Una intervención que cruza industria, danza y espacio público.
La relación entre territorio y transformación también aparece en Segunda Cordillera, de Andrea Alkalay, artista invitada por Acéfala. Su investigación toma como punto de partida el desierto de Atacama, en el norte de Chile, atravesado por la explotación minera. Mediante fotografías fragmentadas e intervenciones con cobre, la artista trabaja sobre las huellas materiales de esa actividad: los residuos, las montañas artificiales y las transformaciones que permanecen en el territorio mucho después de extraída la materia prima.
En Segunda Cordillera, Andrea Alkalay explora las huellas de la explotación minera en el desierto de Atacama. Fotografía, cobre y fragmentación material construyen una reflexión sobre las transformaciones del paisaje.
En otra escala, la fotografía de Guillermo Srodek-Hart presentada por Almacén de Arte registra un castillo abandonado, parte de su serie Instalaciones rurales. La imagen pone en primer plano una arquitectura que nunca llegó a cumplir plenamente su propósito y que hoy conserva las marcas del tiempo y del abandono. La historia del edificio suma otra dimensión a la obra: la de un proyecto de vida que no llegó a concretarse.
Parte de la serie Instalaciones rurales, la fotografía registra un castillo abandonado y las marcas que el tiempo dejó sobre su arquitectura. La imagen también evoca la historia de un proyecto de vida que nunca llegó a concretarse.
Entre la ficción y lo cotidiano
La construcción de escenas fue otro de los caminos presentes en la feria. En el espacio de Gachi Prieto Arte Contemporáneo, Carlos Furman y Miguel Mitlag proponen distintas formas de alterar nuestra percepción de la realidad.
Con juguetes y pequeñas escenografías, Carlos Furman construye mundos paralelos en los que muñecos y objetos cotidianos se convierten en protagonistas de escenas que oscilan entre lo lúdico, lo absurdo y lo inquietante.
Furman, fotógrafo de artes escénicas del Teatro San Martín, trasladó su experiencia teatral a pequeñas escenografías protagonizadas por juguetes y muñecas. A partir de esos personajes construye situaciones que oscilan entre lo lúdico, lo absurdo y lo inquietante. Mitlag, artista argentino radicado en Berlín, trabaja sobre la misma frontera desde otro procedimiento: interviene espacios reales, desplaza objetos y modifica relaciones de escala para crear imágenes en las que lo cotidiano adquiere una extrañeza inesperada.
En la serie Entre Sueños, una Barbie morena parece devolverle la mirada al espectador. Gabriela Timo pone en tensión la relación entre objeto y presencia, y explora los límites entre lo real, lo imaginario y el deseo.
La obra de Gabriela Timo, presentada por la galería Struka, propone una tensión diferente. En la serie Entre Sueños, una Barbie morena devuelve la mirada al espectador. La incorporación del rostro y los ojos modifica la relación habitual con la muñeca, un objeto ligado al juego y a la proyección de deseos. El cuerpo, el erotismo y la percepción se cruzan en imágenes que vuelven menos evidente la frontera entre objeto y presencia.
En esta imagen, la figura de un hombre negro aparece en una tensión entre erotismo, sumisión y vulnerabilidad. La piel erizada acentúa la intensidad de la escena y convierte el cuerpo en un territorio de deseo e incomodidad para quien observa.
También el trabajo de Agustín Sargiotto, conocido como dagurke y presentado por la galería cordobesa María Wonda, explora las relaciones entre cuerpo, deseo y libertad. Sus fotografías proponen una mirada que no se agota en la sensualidad: algunas imágenes atraen, otras generan incomodidad y esa convivencia abre preguntas sobre las convenciones con las que interpretamos los cuerpos.
La imagen como memoria y experiencia
La memoria aparece con fuerza en la obra de Sandra Eleta, cuya fotografía dedicada al Cristo Negro de Portobelo remite a una tradición religiosa profundamente arraigada en esa comunidad panameña. La historia de la imagen, vinculada a una leyenda sobre un barco incendiado, forma parte de una devoción que se renueva cada 21 de octubre con peregrinaciones, promesas y agradecimientos. Conocer ese relato transforma la experiencia de la fotografía: detrás de la imagen religiosa también están la memoria colectiva, la fe y los vínculos que sostienen una tradición.
La fotografía de Sandra Eleta retrata al Cristo Negro de Portobelo, figura central de una devoción popular panameña. Según la leyenda local, la imagen llegó a la costa a bordo de un barco que se incendió; desde entonces, la fe y las peregrinaciones mantienen viva su historia.
En otra dirección, Luis Casadevall construye un registro prolongado de La Habana a partir de sus viajes reiterados a la ciudad. Sus fotografías se alejan de la postal turística para observar la vida cotidiana y los cambios que atraviesan sus habitantes. La continuidad de esa mirada permite reconocer transformaciones que difícilmente podrían advertirse en una visita aislada.
Las propuestas de Pinta BAphoto 2026 mostraron, en conjunto, una fotografía que se desplaza entre disciplinas y modos de producción. Algunas obras parten del documento; otras construyen escenas, intervienen materiales o revisan las formas en que una comunidad conserva su historia. En todas, la imagen funciona como un punto de encuentro entre lo visible y aquello que permanece fuera del encuadre.
En un contexto atravesado por la circulación acelerada de imágenes y las nuevas tecnologías, la feria volvió a poner en primer plano una pregunta esencial: qué elegimos mirar y qué puede suceder cuando una fotografía consigue modificar nuestra manera de ver.