Hay artistas que representan una disciplina y otros que, además, convierten cada escenario en una oportunidad para contar de dónde vienen. Máximo Ramírez encontró en el malambo esa posibilidad: desde Cutral Co construyó una trayectoria que lo llevó a consagrarse campeón nacional en Laborde y, más recientemente, a compartir su experiencia en Colombia.
El bailarín neuquino fue campeón nacional de malambo en 2025, en el Festival Nacional de Malambo de Laborde, uno de los principales encuentros del folklore argentino. El logro llegó después de haber sido subcampeón en 2024 y de varios años de preparación y competencia.

Ramírez comenzó a bailar folklore durante su infancia y con el tiempo encontró en el malambo una disciplina a la que dedicó gran parte de su formación. Su recorrido incluyó distintos grupos, academias y maestros, además de una preparación que combina la técnica de la danza con el entrenamiento físico y la constancia.
Pero la consagración nacional abrió una nueva etapa. Meses después de su triunfo en Laborde, Ramírez viajó a Bogotá, donde desarrolló una agenda vinculada con la enseñanza y difusión del malambo.
En la capital colombiana brindó capacitaciones en la Facultad de Artes de Bogotá, participó de una jornada en la Casa de la Cultura en el marco de la Semana de las Artes y dictó seminarios junto a distintas academias y grupos de danza.
La experiencia también tuvo un componente especialmente ligado a su lugar de origen. Durante una de sus presentaciones se proyectaron en pantalla gigante imágenes de paisajes neuquinos, entre ellos el salto del río Agrio, Villa Pehuenia, Caviahue, Cutral Co y Plaza Huincul.
La propuesta ya había sido utilizada por Ramírez durante la apertura del Festival Nacional del Malambo de Laborde, cuando aprovechó ese escenario para mostrar parte del territorio neuquino ante el público que seguía la competencia.
Para el artista, llevar Neuquén a cada presentación internacional forma parte de su manera de entender la danza. Los paisajes, la música y las tradiciones de la provincia aparecen integrados a su identidad artística, junto con la bandera argentina y la bandera neuquina.
“Neuquén siempre ha sido fuente de inspiración”, expresó Ramírez al referirse a esa relación con su tierra y al valor que tiene para él mostrarla en otros lugares.
Estoy muy inmerso en lo que es Neuquén, en sus paisajes, su música, sus tradiciones, y poder mostrarlo es una emoción enorme, un orgullo enorme», señaló
Su mirada también alcanza a las nuevas generaciones. El malambista sostiene que quienes quieran iniciarse en la disciplina deben asumirla como un camino de largo recorrido, basado en la pasión, el esfuerzo, la constancia y la perseverancia.
La historia de Ramírez suma así una nueva dimensión a su consagración nacional: el malambo como expresión artística, pero también como una forma de llevar una identidad local a escenarios cada vez más amplios. Desde Cutral Co, su recorrido ya cruzó las fronteras argentinas y proyecta nuevos desafíos para una carrera que continúa creciendo.