Home Personas detrás de la historia Luces y sombras del conquistador más recordado de América

Luces y sombras del conquistador más recordado de América

El hombre que conquistó México y Centroamérica, pero que no pudo conservar el poder sobre esos territorios.

Hernán Cortés (1485-1547). Conquistador de México y Centroamérica.

Para bien y para mal, Hernán Cortés fue un hombre excepcional. No importa que haya muerto hace casi quinientos años. Sigue siendo un personaje muy interesante, e indispensable para entender nuestro continente. Su ambición lo llevó a desafiar las normas, adentrarse en tierras desconocidas, vencer a un poderoso imperio, y a cambiar la historia para siempre. Pero esa misma cualidad lo llevó a cometer actos inenarrables, y a ser marginado por sus propias autoridades al final de su vida.

Los inicios

Hernán Cortés de Monroy y Pizarro nació en Medellín, Extremadura, en 1485. Fue el único hijo de Martín Cortés y Catalina Pizarro. Su familia pertenecía a una baja nobleza de buen estatus, pero sin tantos recursos. Creció en el campo, donde recibió mucha atención de todos sus familiares. De pequeño era frágil, enfermizo, y estuvo cerca de la muerte en más de una ocasión. También era inquieto y travieso, con una gran fascinación con las armas, y entrenamiento en esgrima y equitación. A los 14 años, fue enviado a Salamanca, donde aprendió latín, humanidades y gramática. Rápidamente se aburrió, y volvió a su hogar dos años después.

Mientras vagaba por Medellín, escuchó las historias que llegaban desde el otro lado del mundo. El desembarco de Colón en América en 1492, y el posterior asentamiento de los españoles en las llamadas Indias Occidentales1, abría una puerta irresistible para personas ambiciosas como él. Las posibilidades de riqueza y ascenso social que ofrecían aquellas tierras lo sedujeron, por lo que en 1504, partió rumbo a La Española2 para construir su propio camino. Tenía apenas 19 años.

Foto 1: Mapa de México y Centroamérica en 1504, cuando Cortés desembarcó en América por primera vez. En rojo, la isla de La Española. Hasta ese entonces, era el único lugar de la región donde tenían presencia estable.

Desembarcó en Santo Domingo, y fue recibido por el gobernador Nicolás de Ovando. En ese momento, los españoles todavía experimentaban muchas dificultades para dominar el territorio. Padecían hambrunas, tenían enfrentamientos con los nativos, y los administradores no solían ser los más preparados. 

Cortés no tardó mucho en insertarse en ese entramado. Fue escribano, y recibió una encomienda que le permitía vivir del tributo y trabajo indígena. En 1511, ya afianzado, integró la expedición del capitán Diego Velázquez hacia Cuba. 

Foto 2: Diego Velázquez de Cuellar (1465-1524). Dirigió la expedición española que conquistó Cuba en 1511. Luego fue gobernador de la isla hasta su muerte en 1524.

Una vez conquistada la isla, la presencia española fue consolidándose. Allí Cortés siguió aumentando su patrimonio e influencia. Recibió más tierras y encomiendas, diversificó sus actividades, y realizó numerosas inversiones que le resultaron exitosas.

En menos de diez años, había escalado muchas posiciones. Tanto a nivel económico como de influencia. Para la gran mayoría, ya había cumplido ese sueño de ascenso social que había ido a buscar a América. Sin embargo, él no se conformaba con eso.

En 1518, le llegó esa oportunidad que tanto deseaba. Velázquez -como gobernador de Cuba- lo designó comandante de una expedición  que iba a tierras que quedaban al oeste cruzando el mar. Tierras donde los españoles no habían podido establecerse, a pesar de haberlas avistado. Rápidamente Cortés se puso manos a la obra y, utilizando sus propios recursos, financió parte del viaje. 

Su intención no era únicamente conquistar nuevos territorios para sumarlos a la corona, sino cumplir un proyecto personal: construir poder propio, y expandir su riqueza e influencia. ¿Qué mejor oportunidad para lograr eso que con una conquista?

Velázquez percibió que las ambiciones de Cortés no eran compatibles con las suyas, porque faltando poco para el inicio de la expedición, se arrepintió de su decisión y prefirió relegarlo. Sin embargo, el extremeño fue más rápido. Antes de que lo marginaran, aceleró la partida y zarpó junto con 11 navíos y 508 soldados.

El apogeo

En marzo de 1519, desembarcó en las costas de Tabasco. Había llegado a un territorio que desconocía, con habitantes que no entendía. Por eso, los primeros enfrentamientos con los nativos no se hicieron esperar. Si bien la superioridad tecnológica de los españoles era una ventaja importante, los combates no eran sencillos. Tuvieron que pelear duro para avanzar por aquellas tierras.

Luego de una de esas batallas iniciales, una tribu les obsequió un grupo de esclavas. Entre ellas se encontraba Malintzin, quien pasaría a la historia como “La Malinche”. Una joven que, además de hablar maya y náhuatl, tenía un gran conocimiento del territorio y de las personas que lo habitaban. Justamente, eso que necesitaba Cortés para evitar varios problemas. Por eso fue incorporada a la expedición con un rol protagónico. No se limitó únicamente a traducir idiomas, sino que ayudó al líder español a entender los códigos políticos y sociales de las distintas tribus. Su presencia fue decisiva para que la comunicación con los nativos, más allá del idioma, fuese efectiva. Esto le permitió a Cortés tejer relaciones con los indígenas, y abrirse paso con mayor facilidad. La relación entre los dos no fue sólo “profesional”. Serían amantes, e incluso ella quedaría embarazada de él, dando a luz a Martín Cortés3.

Foto 3: Malintzin -o La Malinche- (1500-1529). Traductora y asesora de Cortés durante la conquista. Su rol en la expedición fue decisivo, al orientar a los españoles para avanzar con mayor eficacia y relacionarse con las distintas tribus. También fue amante de Cortés, y madre de su primer hijo. En la actualidad, su nombre es mala palabra en México.

Sin embargo, mientras avanzaba, había un conflicto pendiente. Por ley seguía dependiendo de Velázquez, con el que la relación estaba rota desde que salió de Cuba. Para desligarse de él, fundó la Villa Rica de la Vera Cruz, y estableció un cabildo que lo nombró capitán general. Así construía una autoridad que dependía directamente de la Corona. Complementaba esta estrategia enviando regalos y noticias de su campaña al rey Carlos I. 

Sin embargo, Cortés estaba en una situación límite. Los puentes con las autoridades en Cuba estaban rotos. No podía volver a la isla, porque sería detenido. Sólo tenía una opción: Seguir adelante.

También había otro problema: algunos de sus hombres respondían a Velázquez. Otros no estaban cómodos con su irreverencia. Quizá alguno tenía miedo de seguir caminando hacia lo desconocido. Poco le importó. Para evitar que alguno desertara, mandó a destruir los barcos con los que habían viajado. 

Ahora a todos les quedaba un camino: seguirlo hasta donde sea.

En sus numerosos contactos con nativos, Cortés se percató de algo muy importante. La región era dominada por los Aztecas, quienes sometían a muchas de las tribus aledañas. Esto había generado un gran resentimiento entre los oprimidos, que veían la llegada de los europeos como una oportunidad para liberarse. El líder español supo usar esto a su favor y se ganó el apoyo de varios pueblos, que le aportaron soldados, alimentos y refugio. También se sumaron otras comunidades que, aunque no estaban bajo el yugo azteca, mantenían una fuerte rivalidad con ellos.

Aquel pequeño ejército que había desembarcado en Tabasco, creció hasta convertirse en una gran coalición con una importante presencia indígena. Los intereses variaban dependiendo el grupo, pero todos compartían el objetivo de acabar con los Aztecas. Cortés supo unirlos para avanzar hacia la capital mexica, Tenochtitlán. 

También mostró firmeza y mano dura, cuando creía necesario hacerlo. Hubo varios episodios donde expuso su faceta más oscura, ordenando matanzas y mutilaciones. El caso más recordado es el de Cholula, ciudad donde él y sus hombres asesinaron a miles de sus habitantes. Otro episodio infame fue cuando mandó a cortarle las manos a decenas de mensajeros tlaxcaltecas (antes de que se sumaran a sus filas) pensando que eran espías.

De esta manera, adaptándose a las situaciones con astucia política y violencia, movilizó a su ejército conquistando territorio y construyendo poder. Las noticias de su avance no tardaron mucho en llegar a Tenochtitlán. El emperador, Moctezuma, se mostró cauteloso, y envió regalos a para apaciguar a los españoles. Pero estos no se detuvieron y, después de meses de expedición, llegaron a Tenochtitlán el 8 de noviembre de 1519. Así Cortés se encontraba cara a cara con el líder de los Aztecas, en una relación que inicialmente fue cordial.

Foto 4: Encuentro entre Cortés y el emperador azteca Moctezuma, en Tenochtitlán.

Sin embargo, a los pocos días, ordenó la detención de Moctezuma. Tenochtitlán parecía haber sido tomada sin dificultad. 

Mientras ellos se asentaban en la capital mexica, desde Cuba partía un contingente enviado por Velázquez para detenerlo. Al enterarse de esto, Cortés dejó la ciudad a cargo de Pedro de Alvarado, y se dirigió hacia las costas para enfrentar a una tropa dirigida por Pánfilo de Narváez. En un combate cerca de Veracruz, consiguió vencer e incorporar a los hombres derrotados. 

Foto 5: Cortés con Pánfilo de Narváez, luego de derrotarlo en la batalla de Cempoala. Además de evitar su captura, el conquistador incorporó a los hombres de Narváez.

Victorioso, regresó a Tenochtitlán con un ejército más numeroso. Pero lo que se encontraría sería muy diferente a lo que había dejado. 

Durante su ausencia, Alvarado ordenó una matanza en el Templo Mayor, que provocó una sublevación popular. Ni el regreso de Cortés logró restaurar el control. Este último intentó utilizar a Moctezuma para apaciguar los ánimos, pero el emperador azteca murió de forma misteriosa durante aquellos días, en un hecho nunca esclarecido hasta el día de hoy. Sin recursos y rodeados por una población en llamas, los españoles se vieron obligados a huir. Con enormes pérdidas materiales y humanas, se reagruparon en Tlaxcala a mediados de 1520. 

Pero, sin saberlo, dejaron tras de sí una peligrosa arma silenciosa. Con su llegada a América, habían traído múltiples enfermedades para las cuales los nativos no tenían anticuerpos. Esto provocó grandes epidemias que causaron una catástrofe demográfica en toda la región. En Tenochtitlán, la viruela se esparció rápidamente, asesinando a miles de personas. Entre ellas, a Cuitláhuac, el sucesor de Moctezuma.

Cortés aprovechó esta situación para rearmar su ejército, consolidar sus alianzas, y rodear la capital enemiga con sus hombres. Controlando los accesos y los lagos cercanos, dejaron a la ciudad sin agua ni suministros. Luego de meses de sitio y combates, los españoles entraron y conquistaron Tenochtitlán. Tanto europeos como indígenas aliados, causaron destrozos en la ciudad y mataron a miles de sus habitantes. La violencia contra los vencidos fue tal, que ni los cadáveres se salvaron de ser machacados.

Foto 6: Caída de Tenochtitlán en agosto de 1521. Tras meses de sitio y epidemias, la resistencia azteca llegó agotada al enfrentamiento final con los conquistadores. Con su entrada en la capital, tanto europeos como indígenas aliados causaron destrozos y cometieron miles de asesinatos.

El 13 de agosto de 1521, con la caída de su capital, el imperio Azteca llegó a su fin. Ahora la corona española tenía el control sobre una buena parte de esas tierras. En 1522, el rey Carlos I nombró a Cortés gobernador y capitán general de Nueva España (el nombre por el cual pasaría a conocerse aquella región). 

Finalmente, después de años de luchas y apuestas, parecía haber alcanzado el prestigio que tanto deseaba. 

O eso parecía…

El declive

A pesar de la hazaña de Cortés, la Corona no estaba dispuesta a dejar aquellas tierras únicamente en sus manos. Formando parte ya de la jurisdicción española, el Rey debía construir instituciones que le respondiesen a él y no a otro liderazgo. En este nuevo entramado, Cortés fue siendo relegado de a poco. Alguien que había demostrado ser tan capaz, pero al mismo tiempo tan irreverente, podía ser una amenaza. Aunque fue nombrado gobernador, su autoridad se vio limitada por una burocracia que llegó desde Europa, y que no controlaba.

Fiel a su espíritu explorador, siguió organizando expediciones hacia distintos puntos de la región, pero nunca revalidaría el éxito conseguido anteriormente. Incluso algunas fueron desastrosas, como por ejemplo, una que terminó en una rebelión que lo obligó a salir de la capital. Esa ausencia, que duró dos años, lo debilitó aún más. Sin su presencia, sus enemigos tomaron el control político de Nueva España, el cual nunca recuperaría.

Para complicar las cosas, viejos -y no tan viejos- enemigos buscaron acabar con él de diferentes maneras. En los años siguientes, enfrentó juicios y acusaciones por sus actuaciones. Las rivalidades personales se mezclaban con los intentos de la Corona de controlarlo. Debilitado, regresó a la península ibérica. Si bien el rey, Carlos I, lo condecoró con el título de marqués del Valle de Oaxaca, no le devolvió el poder que pretendía. 

Cuando Nueva España pasó a ser un Virreinato, el puesto de Virrey se lo llevó otra persona, con la que Cortés tendría numerosos cortocircuitos. Por otro lado, las expediciones que organizó en ese tiempo, trajeron más pérdidas que resultados. Para 1540, nuevamente en España, continuaron sus conflictos judiciales con la administración pública. Pese a que tenía un trato cordial con el rey, este nunca intervino para ayudarlo. Volvió a participar de una campaña en el norte de África, pero ya no como líder. Una vez más, la experiencia resultó un fracaso.

El 2 de diciembre de 1547, murió de causas naturales a los sesenta y dos años.

El legado

A pesar de tener un título nobiliario y un extenso patrimonio, su vida terminó de forma agria. Sin el reconocimiento que siempre deseó, y por el cual se lanzó a América. De forma irónica, no pudo conservar el control de aquellos territorios que sumó a la Corona española. Entre otras cosas, porque su irreverencia -esa misma cualidad que lo llevó a conquistarlos- asustó a las autoridades, que se negaron a darle mayores responsabilidades.

Foto 7: Mapa de la región en 1522, cuando Cortés fue nombrado gobernador de Nueva España. Su conquista cambió por completo el mapa, expandiendo el poder de la corona sobre América.

En la actualidad, la conquista española sigue causando polémica y Cortés, como uno de sus grandes exponentes, no se queda atrás. Algunos lo acusan de ser un tirano sanguinario que asesinó a miles de indígenas para saciar sus deseos de gloria, mientras que otros valoran su audacia y astucia. 

Probablemente, ambas cosas sean ciertas.

Autor: Juan Cruz Tonelli

Notas:

1: Las Indias Occidentales era como se referían los españoles a esos primeros territorios americanos bajo su dominio.

2: La isla donde se encuentran las actuales Haití y República Dominicana.

3: El primer hijo de Hernán Cortés

Fuentes:

BBC (2014): “Hernán Cortés” (link)

Mark Cartwright/World History Encyclopedia (2022): “Hernán Cortés” (link)

Federico Navarrete (2025): “La guerra de Tlaxcala” (link)

Academia play (2018): “Hernán Cortés y la conquista de México” (link)

Juan M. Zunzunegui/The Wild Project (2026): “Hernán Cortés: ¿genio militar o villano sin escrúpulos?” (link)

Imágenes:

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Juan Cruz Tonelli es autor y columnista de Diario Confluencia, donde desarrolla "Personas detrás de la Historia", un espacio dedicado a explorar personajes, acontecimientos y procesos históricos que ayudan a comprender el presente. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Torcuato Di Tella. Fue asistente del consultor de alta dirección Alberto Lederman y desarrolló experiencia profesional en redes sociales e inteligencia artificial. Actualmente cursa una Maestría en Periodismo en la Escuela de Unidad Editorial, en Madrid. En Diario Confluencia aporta una mirada histórica y narrativa, recuperando episodios y protagonistas del pasado para analizar las historias que nos trajeron hasta la actualidad.
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