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La odisea de un padre argentino para recuperar a sus hijos secuestrados en Brasil

Un padre argentino logró lo que durante meses pareció imposible: volver a abrazar a sus hijos después de haber sido sacados ilegalmente del país por su madre y ocultados en Brasil. La historia incluye búsquedas desesperadas, pistas en redes sociales, operativos internacionales y un final inesperado en plena Navidad. “Fue cinematográfico”, resume él mismo al recordar todo lo vivido.

José María Rosa, de 50 años, temió durante casi dos años no volver a ver nunca más a sus hijos, una nena de 6 años y un nene de 11, que habían sido llevados fuera de la Argentina por su madre, una ciudadana polaca. Los chicos vivían con él en Buenos Aires desde 2019, cuando tenía la tenencia de hecho, pero la situación cambió de manera abrupta durante la pandemia.

El primer antecedente ocurrió en 2020, cuando la mujer se llevó a la hija menor sin autorización y la trasladó a Estados Unidos. En ese caso, una intervención de fuerzas federales permitió que la bebé fuera devuelta en un aeropuerto, pero el episodio marcó el inicio de un largo conflicto.

A comienzos de 2024, la madre reapareció con la excusa de visitar a los chicos. Pese a las alertas del padre y a un pedido presentado ante la Justicia, el encuentro terminó de la peor manera: la mujer desapareció con los niños, cambió versiones sobre su paradero y llegó a decir que estaban en Cuba, algo que luego se comprobó como falso.

Desesperado, Rosa lanzó una campaña pública en redes sociales bajo el lema “quiero un millón de ojos en la calle”, con la esperanza de que alguien los reconociera. El miedo era extremo: “pensé que podían cambiarles la identidad y perderlos para siempre”, contó.

La primera pista firme llegó meses después desde Brasil. Un mensaje de un seguidor permitió ubicar a los chicos en una isla cercana a Río de Janeiro. Sin embargo, la falta de una orden judicial demoró la intervención y, cuando Interpol pudo actuar, ya se habían vuelto a mover.

Lejos de rendirse, el padre regresó al país vecino y redobló la búsqueda. Repartió volantes, habló con choferes, comerciantes y vecinos, hasta que una llamada inesperada cambió todo: un empleado de un shopping reconoció a los niños y avisó de inmediato. Tras un seguimiento encubierto, el 30 de septiembre finalmente fueron localizados.

La recuperación no fue inmediata. Los chicos pasaron más de dos meses en una institución, tras un informe social que alertó sobre abandono escolar, falta de controles médicos y una vida en extrema precariedad. Recién después de 65 días, la Justicia autorizó la restitución.

El capítulo final llegó días antes de Navidad, cuando se descubrió un tercer intento de secuestro. La alerta la dio la dueña del alojamiento donde se hospedaba la madre, que notó preguntas sospechosas sobre cámaras, barcos y tiempos de respuesta policial. A eso se sumaron otras señales inquietantes, como un rastreador escondido en una zapatilla del niño.

Con custodia de Interpol y en una operación contrarreloj, padre e hijos abandonaron Brasil el 24 de diciembre y regresaron a la Argentina, poniendo fin a una historia marcada por el miedo, la incertidumbre y la perseverancia.

Hoy, los chicos están a salvo. “Están bien dentro de todo lo que vivieron. Extrañan a su mamá y tuvieron miedo”, cuenta Rosa, que incluso pidió a la Justicia evitar una detención de la mujer para proteger emocionalmente a sus hijos. “El centro son ellos. Ya sufrieron demasiado”, concluye.

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