Dos jóvenes de Salta llevaron a la Argentina al primer puesto de una de las competencias de la RoboCup 2026, el Mundial de Robótica que se desarrolló en Incheon, Corea del Sur. María Virginia Viollaz y Elías Cordero, ambos de 18 años, ganaron el Desafío Técnico de la categoría Major Soccer – Small Size League con un robot desarrollado por ellos en el Instituto de Innovación y Tecnología Aplicada (IITA).
El resultado tuvo un significado especial porque fue la primera participación argentina en esa categoría y terminó con un primer puesto mundial. La prueba combinó robótica, inteligencia artificial, visión artificial y navegación autónoma aplicada al fútbol.
El desafío consistía en que el robot pudiera detectar la pelota, interpretar el entorno, desplazarse de manera autónoma y completar una jugada con un gol, sin intervención humana. Para conseguirlo, el equipo tuvo que adaptar su tecnología a las condiciones de la competencia en Corea del Sur.
Uno de los principales inconvenientes apareció incluso antes de comenzar las pruebas. La cancha tenía una alfombra diferente a la utilizada durante los entrenamientos, con líneas blancas menos visibles para los sensores. Además, el robot era muy bajo y tenía dificultades para desplazarse sobre esa superficie, por lo que los estudiantes debieron modificar su funcionamiento para evitar que perdiera movilidad.
Un robot desarrollado en Salta
Detrás del resultado hubo meses de investigación, diseño y programación. Los jóvenes construyeron su propio robot y desarrollaron las placas electrónicas utilizadas para conectar sensores y motores.
El sistema incorporó sensores de distancia, giroscopios, sensores ópticos de desplazamiento, comunicación inalámbrica entre robots y cámaras con inteligencia artificial capaces de detectar y seguir la pelota en tiempo real. A partir de esa información, el robot podía calcular trayectorias, ubicarse dentro de la cancha y ejecutar las acciones programadas.
La preparación comenzó mucho antes del viaje. Según explicó Viollaz, durante aproximadamente tres meses trabajaron principalmente en investigación y diseño, hasta que finalmente pudieron tener el robot físico terminado y comenzar las pruebas de programación y movimiento.
El equipo recibió además el acompañamiento de Enzo Juárez, su profesor de robótica, con quien analizaron distintas estrategias para resolver las jugadas y mejorar el funcionamiento del robot.
El nombre elegido para competir fue Low Battery Messi, una referencia al capitán de la Selección Argentina que surgió como una broma interna del equipo.
El momento de la premiación también fue inesperado. La organización no había difundido los resultados del desafío y los estudiantes recién supieron que habían ganado cuando escucharon el nombre de su equipo durante la ceremonia.
“No lo esperábamos”, contó Viollaz al recordar el momento en que anunciaron que Argentina había obtenido el primer lugar.
La participación argentina en Corea del Sur también dejó otro resultado destacado: un equipo Sub-19 de la Universidad Abierta Interamericana (UAI) consiguió el segundo puesto mundial en la categoría Rescate Simulado.
Para Viollaz y Cordero, la experiencia no terminó con el trofeo. El paso por la RoboCup les permitió entrar en contacto con equipos de distintos países y ampliar su experiencia en robótica, inteligencia artificial e ingeniería, mientras ya trabajan en nuevos desarrollos para volver a competir internacionalmente.
