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«Bajá del techo, por favor»

Licenciado en Creatividad Educativa | Diseñador de Procesos Transformacionales | Agile Coach Con más de dos décadas dedicadas al desarrollo humano y organizacional, Ariel Gabrielli combina creatividad, neurociencia y metodologías ágiles para acompañar procesos de innovación y cambio cultural.

Lic. Ariel Gabrielli, Licenciado en Creatividad Educativa | Diseñador de Procesos Transformacionales | Agile Coach

Autor: Ariel Gabrielli, Licenciado en Creatividad Educativa | Diseñador de Procesos Transformacionales | Agile Coach

Últimamente hablamos desde muy arriba. Desde un lugar elevado, cómodo, donde las palabras suenan bien pero no tocan el suelo. Decimos cosas como «la sociedad está rota«, «todo está mal«, «ya no hay valores«. Frases contundentes, fáciles de compartir, difíciles de habitar. Discursos que parecen profundos, pero que no explican nada y no transforman nada.

El problema no es sentir que algo no funciona. El problema es nombrarlo de una manera que no permite hacer nada con eso. Porque cuando decimos que «la sociedad está rota«, ¿Qué estamos diciendo en concreto? ¿Qué se rompió, dónde, cómo, quién, con qué consecuencias? Sin respuestas, la frase queda suspendida en el aire, como un lamento elegante que no exige compromiso.

Vivimos en una época que conceptualiza emociones como si fueran diagnósticos colectivos. Convertimos el malestar en consignas y las consignas en identidad. Nos reconocemos más por lo que denunciamos que por lo que hacemos. Y así, la palabra se vuelve espectáculo: se dice para impactar, no para intervenir.

Si queremos transformar la realidad, primero tenemos que bajar las palabras al cuerpo de los hechos. Nombrar lo que pasa con precisión. Decir: “esto no funciona así”, “acá hay una injusticia”, “esto genera daño”, “esto depende de mí”. Porque solo
lo que se nombra con claridad puede convertirse en acción.

Las palabras sin acción no son inocentes. A veces tranquilizan la conciencia, a veces construyen pertenencia, a veces juntan likes. Pero no cambian la realidad. Cambiar implica ensuciarse, involucrarse, hacerse cargo. Implica salir del discurso elevado y pisar el suelo incómodo de lo concreto.

Así que bajá del techo, por favor. No para dejar de pensar, sino para empezar a hacer. Porque cuando las palabras no se visten de acción, no son pensamiento: son ruido bien dicho.

AutorAriel GabrielliLicenciado en Creatividad Educativa | Diseñador de Procesos Transformacionales | Agile Coach

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