«Upper Cross» no es solo un gimnasio: es una identidad, un punto de encuentro y una forma de entender el deporte y la vida. Hace ocho años, en una modesta sede de calle Pampa, a metros de la multitrocha de Neuquén capital, comenzaba una historia que hoy da un paso clave hacia el futuro.

Detrás del proyecto está Nicolás Acuña, joven emprendedor neuquino y heredero de una pasión familiar por el boxeo. El amor por el ring nació en su infancia, de la mano de su abuelo, con quien compartió no solo peleas memorables, sino también valores que marcaron su camino: ir siempre para adelante, no bajar los brazos y pelear por los sueños.
Con ese espíritu nació «Upper Cross«, un gimnasio de boxeo que con el tiempo se transformó en un espacio de contención, abierto a personas de todas las edades, profesiones y niveles de experiencia. No se trató solo de entrenar el cuerpo, sino de fortalecer vínculos y sentido de pertenencia.
Desde el primer momento, otro pilar fundamental acompañó el crecimiento del proyecto: su madre, quien no dudó en sumarse a la aventura y hacerse cargo de la administración. Juntos fueron viendo cómo el grupo crecía, cómo los lazos se afianzaban y cómo la energía del lugar trascendía las paredes.
Este año, Upper Cross decidió dar un paso tan difícil como necesario: mudarse. No por falta de historia, sino justamente por todo lo construido. El desafío fue trasladar esa energía a un espacio más grande, con nuevas propuestas y mayor comodidad para la comunidad que no dejó de acompañar.
“El mejor consejo que escuché fue que Upper Cross no es el lugar, sino lo que pasa adentro”, contó Nicolás. Esa frase fue determinante. «Darme cuenta de lo que habíamos generado en lo social, en la familia, con amigos y la propia familia que empezó a generar algo que no se puede explicar», señaló emocionado Acuña.
La respuesta no tardó en llegar. Familiares, amigos y alumnos se acercaron para ayudar a limpiar, pintar y poner en marcha el nuevo gimnasio, en un gesto que confirmó que Upper Cross es, ante todo, una comunidad. «Empezó a aparecer la familia de UPPER a ayudar, la verdad que la mudanza la hicimos más rápido de lo que creíamos», expresó Nicolás.
“Me sorprendió todo lo que pasó. Fue rápido, inesperado: estuvimos rodeados de amigos, de alumnos que venían a limpiar, venían a soldar, venían a colgar bolsas. Entonces todo eso que pasó me hizo entender dónde estamos hoy y que el cambio era necesario», reconoció.
Hoy, Upper Cross funciona en Pampa 343, en la misma calle que lo vio nacer, pero con una nueva impronta. Los servicios no solo se mantienen, sino que se expanden: clases de boxeo, entrenamiento HIIT, boxeo recreativo, kickboxing y entrenamientos personalizados.
Con entusiasmo renovado, Nicolás Acuña ya proyecta el 2026, con más ideas, propuestas y sorpresas.
«A seguir trabajando, acompañando gente, a preparar campeones, a aconsejar a adolescentes; en la parte de contener chicos para que no estén en la calle. Siempre una charla, un consejo o simplemente escuchar a quienes tenemos con nosotros y que por algo, llegan».
Si lugar a dudas, «Upper Cross» sigue formando campeones, dentro y fuera del ring y abre sus puertas a quienes buscan más que un gimnasio: un espacio de identidad.